Trampantojos sirios


En Siria solo hay una estrategia. La de conservar el poder a sangre y fuego por Bachar Al Asad. Hasta el momento se ha sentido impune. Se ha sentido protegido por Irán y, sobre todo, por Rusia. Pero estos escudos protectores son más débiles de lo que en realidad el régimen de Damasco cree. Siria es un gran trampantojo donde los pintores son los estados terceros que libran su peculiar estrategia de ajedrez. Al Asad ha destruido prácticamente a todos los enemigos internos, con igual fiereza con la que ha arrasado ciudad tras ciudad. No ha dudado en aplicar una guerra total, de aplastamiento, de ejecutados, sin prisioneros. Tampoco en utilizar todo tipo de armamento.

Sabe que sobre su suelo y espacio aéreo se libra una batalla mayor que, de momento no sale del círculo del cínico pasteleo diplomático y alguna que otra acción, tan puntual como episódica de represalia y bombardeo hiperselectivo sin víctimas por parte de quienes juegan a ser gendarmes mundiales pero que amagan y poco más. La respuesta a un no investigado ni aclarado -pero sí ejecutado- ataque con armas químicas ha sido milimetrado. Con el paso de los días y las horas el tono de Trump, el presidente impetuoso, se ha desdibujado. Como el del propio Putin. Ambos saben lo que se juegan. Como también Jamenéi y, de lejos, pero siempre presente, Israel. Una escalada en el conflicto con los actores internacionales involucrados de lleno tiene consecuencias imprevisibles. Y eso es precisamente lo que disuade y, de momento, permitirá que el tirano sirio siga haciendo y deshaciendo en su país, sumido en el caos total, la muerte y una guerra sin piedad ni retaguardia. Hace mucho que ya nadie sabe el número real de los cientos de miles de muertos. Pero lo peor, a nadie importan.

Rusia y, en su caso, Irán, aunque este en menor medida, no dudarán llegado el caso en cambiar los cromos. El trampantojo solo engaña momentáneamente la vista. Perpetuar el régimen les interesa. A uno por su salida y blindamiento estratégico, tanto hacia el mar como aéreo; al otro, por ser una espada chií que interesa enfrentar al resto del mundo árabe.

Se ha aparentado actuar. La cirugía de los ataques es una mera anestesia de cinismo e hipocresía. Todos saben que es más lo que se puede perder a medio y largo plazo que las decenas de sirios asesinados por armas químicas. A nadie importan. Algunos incluso rememoran su pasado colonial, pero sin sentimiento de culpa. El trampantojo también está en Washington, París, Londres, Moscú y Teherán.

Votación
9 votos
Comentarios

Trampantojos sirios