Cannes viejos


Bueno. Pues ya está. Esto ya no tiene arreglo. El desencuentro que empezó el año pasado ha pasado a mayores. Y Cannes se ha quedado sin varios estrenos. Netflix ha roto relaciones. Los del festival de cine se han puesto espléndidos. Y no dejan competir a ninguna producción que no haya sido estrenada en cines franceses. Hay que mantener la tradición. El tipo. Los viejos tiempos. El mal rollo empezó con dos películas de la plataforma que en la anterior edición sí. Compitieron. Y nuestro Pedro Almodóvar, que hace muchos años realmente era transgresor y moderno, con eso de que una plataforma de streaming compita pues puso el grito en el cielo. Netflix se ha hartado. Porque sus autores merecen un respeto. Así que le han dicho que ni fuera de concurso ni alfombra roja. Que si no transigen, pues venga, hasta luego.

Ay los organizadores de Cannes. Parecen Cannes viejos. Un ligero aroma a naftalina impregna este festival desde hace bastante tiempo. Que ya no solo es que no les valgan los nuevos modos de producción audiovisual. Es que los selfies los detestan. Y han llamado a esta costumbre universal un vicio grotesco. Ningún actor, ninguna actriz, nadie que se pasee por la alfombra del festival de cine, puede mirar a la cámara de su propio teléfono. Que eso retrasa la gala. Que los pone nerviosos. Al borde del llanto. Enfermos. Ay. Pobres Cannes viejos.

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