Contarás a los muertos


A los muertos hay que contarlos. La séptima obra de misericordia manda sepultar a los muertos, pero habría que incluir ahí contarlos también. Hay muertos de primera, de segunda y de tercera. Pero luego todavía vienen los que no se cuentan. Un país puede pertenecer al primer mundo, al grupo de países en desarrollo o al tercer mundo. Pero si sus muertos no se cuentan, entonces empieza a desvanecerse, como si no estuviera bien delineado en el mapa, y todo el mundo juega con él e incluso lo tuitea como se tuitea un partido de fútbol entre forofos muy macarras. Es lo que pasa con Siria: la ONU ha dejado de contar sus muertos en el 2014, así que Trump ya puede tuitear que piensa bombardearlo para que conteste Putin que no hay…

Los muertos sirios tienen quién los cuente, pero son demasiados, según leo: unas dieciocho autoridades distintas con capacidad de emitir certificados de defunción. Y, claro, no da igual quién te certifique: tu familia puede tener problemas en la posguerra según quién haya certificado tu defunción y según cómo hayan quedado las cosas. Así que muchos se abstienen de certificar a sus muertos. Y otros cuentan a bulto para un lado o para el otro o cuentan solo civiles o solo sirios. Un lío. Por eso no sabemos si llevamos cuatrocientos mil o medio millón de muertos en Siria, según cifras antiguas, ya entonces quizá algo infladas. Como siempre. No hay modo de saberlo y eso es una falta de respeto casi tan tremenda como no enterrarlos, porque significa que no nos importan. O que nos importan tan poco que somos capaces de tuitear un bombardeo como si amenazáramos con remontar una eliminatoria de Champions, como si no hubiera que contar luego los muertos.

@pacosanchez

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