La insufrible ofensa de los jueces alemanes


Amedida que vamos conociendo mejor la resolución del tribunal de Schleswig-Holstein, se hace más irritante la ignorancia y ligereza con que, como elefante en cacharrería, ha adoptado aquel una decisión trascendental, dominada por los prejuicios contra España -tan perniciosos como infundados- y un increíble mal hacer profesional. Y, por ello, crece a paso de gigante la terrible sensación de que España debe ser para los jueces alemanes encargados del asunto algo así como Zimbabue. Como Zimbabue, porque parece que nuestro país estuviera en otro continente y a muchos miles de kilómetros de distancia de la patria de Beethoven.

Ya no se trata solo de que el tribunal del land se atreva a juzgar las presuntas conductas delictivas de Puigdemont, ¡lo que solo corresponde a nuestros jueces!, y dicte una resolución descabellada en la que se permite entrar en él fondo del asunto, violando con ello, además de la filosofía en la que se basa la euroorden, la letra de sus normas, especialmente la Decisio?n Marco del Consejo de 13 de junio del 2002 relativa a la orden de detención europea y a los procedimientos de entrega entre Estados miembros.

Se trata de que para justificar la supuesta ausencia de violencia según los parámetros de la jurisprudencia alemana -irrelevantes una vez constatada la existencia de un tipo penal equivalente en Alemania al de nuestra rebelión-, los jueces del land se atreven también, con una osadía solo comparable a su desinformación, a proclamar que los actos de secesión de Cataluña «no pueden considerarse más notables en cuanto a su carácter, alcance y efectos» que los disturbios acaecidos en Fráncfort en 1981, cuando unos ecologistas se opusieron por la fuerza a las obras de ampliación de un aeropuerto que afectaba a una reserva natural.

Lo dicho. ¡Como si nuestro país fuera Zimbabue! Para entendernos: los actos sediciosos de un Gobierno y un Parlamento regionales, que, a lo largo de más de un año, violaron flagrantemente la Constitución desobedeciendo con berroqueña contumacia las sentencias reiteradas de los tribunales de Justicia, organizaron un referendo ilegal con motivo del cual se produjeron gravísimos actos de resistencia activa y pasiva y de violencia, y declararon luego por dos veces la independencia y la república son equivalentes para los jueces de Schleswig-Holstein (land conocido por su Lütt un Lütt, cerveza con una pequeña porción de Schnaps) a la acción de unos ecologistas que en un aeropuerto se enfrentaron a la policía, levantando barricadas en llamas y usando cócteles molotov.

Ante tal despropósito, absolutamente inadmisible, el Gobierno de España, confundiendo las churras con las germanas, se ha limitado a decir que, como siempre, respeta las sentencias judiciales. Que actúe así con los jueces españoles es lo que cabe esperar de cualquier Gobierno democrático. Que lo haga con una sentencia tan demencial, de unos jueces alemanes, que da alas a la secesión, resulta sencillamente inconcebible.

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