Tengan cuidado ahí fuera


Había en aquella televisión de los ochenta la rutina (entonces parecía inútil) de leernos la letra pequeña de las series. Era tan poca la oferta que los niños nos tragábamos cualquier detalle por nimio que nos pareciera y esas letras se acabaron quedando dentro de nuestra cabezas. Por eso cuando he sabido que ha muerto Steven Bochco su nombre me ha venido a la memoria sobreescrito en la pantalla de la tele y me ha entrado esa nostalgia de que lo mejor no siempre está por venir. Nos pasó por delante y se nos escapó, como la suerte de algunos de los personajes de la mejor serie que escribió Bochco, Canción Triste de Hill Street, con el capitán Furillo al frente. Los serieadictos y los que ya tienen una edad como para hacer memoria saben que no miento y que con este guion empezó otra televisión, la mejor, la que era capaz de atraparnos con la calidad del talento que da vida a seres humanos (no son personajes) en permanente conflicto. Con la cercanía que da la calle y un lenguaje fresco, Canción Triste de Hill Street nos puso en el camino de que el cine se podía convertir en televisión y que el deseo de un capítulo más cobraba sentido por sí mismo. Steven Bochco nos enseñó con maestría que la vida arranca cada día y que lo íntimo lo abarca todo, también la forma de ser de una comisaría de barrio. Solo hay que ponerle la mejor música -¿no oyen la melodía?- y buena letra: «Tengan cuidado ahí fuera».

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Tengan cuidado ahí fuera