¿Qué es un exiliado? ¿Y un preso político?


Resulta muy llamativo el contraste entre lo difícil que es engañar a algunas personas en su vida cotidiana y lo fácil que resulta darles gato por liebre en la política. Gentes que no tolerarían pagar por un utilitario lo que cuesta una berlina de alta gama y que saben distinguir al primer golpe de vista la calidad de la fruta o del jamón compran a diario mercancía política totalmente averiada y se van a la cama tan contentos.

La última burra que, por lo que se ve, cientos de miles de españoles se han llevado a casa como si fuera un pura sangre es que los dirigentes secesionistas catalanes fugados de la Justicia viven exiliados y que son presos políticos los que están por orden judicial en prisión provisional.

Aunque tanto una afirmación como la otra son tales majaderías que desvelar su rotunda falsedad quizá parezca a algunos una ofensa a la inteligencia, ruego me disculpen si trato de desvelar la obscenidad de la ceremonia de la confusión que el secesionismo ha organizado, aprovechándose del candor de unos, la mala fe de otros y la ignorancia de muchos que creen que tener razón consiste en insultar mucho y leer muy poco.

Vamos, pues, al conceto, que ya Manquiña dejó clara su gran utilidad.

Vive exiliado quien tiene que abandonar su país para evitar ser perseguido por llevar a cabo actividades que cualquiera podría realizar en un sociedad abierta y democrática. Es preso político quien ha sido encarcelado por idénticas razones. Nótese bien que aquello que el exiliado y el preso político tienen en común -que sus actividades no están perseguidas donde existe democracia- los distingue de un mero delincuente. Lo que es así aun en el caso de que aquel (presunto o condenado) traté de dar cobertura a sus acciones con ideas que es legítimo defender en democracia siempre que se haga dentro de la ley.

Puigdemont y sus compañeros de fuga y Junqueras y sus compañeros de prisión no han sido procesados por ser nacionalistas, ni por ser independentistas, sino por realizar, presuntamente, actividades que no se permiten en ninguna sociedad democrática: desobedecer a los tribunales, malversar dinero público e impulsar desde el poder una acción sediciosa que pretendía acabar, por medios ilegales, con la forma de gobierno española y con su unidad territorial.

En España hay cientos de miles de independentistas desde hace muchos años y a ningún juez se le ha ocurrido nunca procesarlos por ese mero hecho. Ser independentista es perfectamente legal. No lo es sin embargo, ni aquí ni en ninguna democracia del planeta, violar las leyes para hacer realidad esas ideas. Por tratar de hacerlo de forma contumaz, y no por sus ideas, se ha procesado a los dirigentes de la intentona secesionista, que no son exiliados sino fugados y no son presos políticos sino políticos en prisión provisional.

Así de sencillo. Así de claro.

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