Señales de desasosiego


En una primera apreciación, el principal dato que muestra la encuesta de Sondaxe -un empeoramiento de las expectativas sobre la situación económica de Galicia- puede parecer desconcertante. Porque ¿acaso no hemos crecido a una tasa elevada, del 3,1 % en el 2017? ¿No nos dicen las predicciones disponibles que ese ritmo se mantendrá a lo largo de los próximos meses? ¿Cómo entender, entonces, el retroceso significativo en el índice de confianza en la marcha de la economía? Aunque no sea fácil dar una respuesta única y contundente a esta pregunta, el hecho de que, según la encuesta, también se haya deteriorado el grado de confianza política ayuda a entenderlo.

Porque esa es una de las claves de la fragilidad que se detecta en el momento económico, tanto en Galicia como en el conjunto de España: la inestabilidad y la manifiesta falta de un proyecto político de futuro -o sea, la tiranía del ir tirando- no pueden sino afectar a la percepción de los ciudadanos sobre distintos aspectos de la vida social, incluida, naturalmente, la evolución esperada de la economía.

Al margen de lo anterior, hay motivos de fondo para pensar que los fundamentos de nuestro crecimiento económico a largo plazo -tecnológicos, financieros, educativos o institucionales- son débiles. Pero es difícil que eso trascienda hasta plasmarse en las expectativas de los consumidores, donde tiende a imponerse una percepción de coyuntura.

En cambio, lo que acaso sí está incidiendo negativamente sobre la confianza es el hecho de que ya dura mucho la contradicción entre lo que dicen los datos macro y lo que la gente nota en la evolución de sus propias rentas.

Es un fenómeno que en el plano teórico supo explicar mejor que nadie el profesor de Princeton Albert Hirschman: en situaciones en las que sobre la opinión pública percute con mucha insistencia el mensaje de la recuperación, pero en la que pasa un tiempo considerable sin que los individuos noten una mejoría en sus propios ingresos, la inicial satisfacción por los datos generales se acaba trocando en decepción, cuando no en abierto rechazo. Algo así pudiera estar ocurriendo ahora por estos pagos; más aún cuando ha saltado con fuerza al debate público la cuestión del deterioro de los salarios, apenas resaltada durante buena parte de la crisis. Y más recientemente, también de las pensiones, cuyo protagonismo actual es probable que haya incidido bastante en los resultados de la encuesta.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
12 votos
Comentarios

Señales de desasosiego