Tiempos mejores


Si nos dejan los asesinos, los racistas, los maltratadores, los políticos sesgados, los hinchas enfurecidos, los funcionarios incompetentes, los evasores y los recaudadores, y una santa compaña de tiparracos; si nos deja también la lluvia, sería de agradecer que pudiéramos disfrutar un poco de la vida, que se pasa sin esperarnos y que se va como la arena de la playa entre las manos. Yo creo que a los chicos en los colegios hay que enseñarles física y geografía, pero también a bailar y cantar, a pintar y a leer, y a montar obras de teatro, a ser alegres y buenos, a vivir pacíficamente y con intensidad. Pero no, todo es violencia. En el fútbol, en el cole, en el trabajo, en la carretera y en la calle. Tal vez si hiciera sol... Ayer los irlandeses celebraron San Patricio, que es la fiesta de la alegría de ser irlandés, pero también la alegría de ser, a secas. Los irlandeses que tienen una historia plagada de desgracias, desde la hambruna de mediados del siglo XIX, que mató a un millón de personas y abrió una hemorragia de emigración incesante y dolorosa, luego la trágica lucha por su independencia, para llegar a las crisis económicas o los abusos de los curas pederastas de hace nada, siguen siendo una nación joven y optimista, que ha dado al mundo los mejores escritores y poetas, que todas las tardes llena sus bares de violinistas y cantantes, que inunda los parques de niños, como si fuera un país africano en medio de la lluvia. Como si fuera Senegal. ¡Si nosotros fuéramos un poco como Irlanda!

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