Las personas que importan


Hoy debería escribir sobre la prisión permanente revisable, porque es lo que me pide el cuerpo. Decir que no es venganza, sino justicia. Que es el sentido común el que nos defiende de la demagogia y el populismo, ese caballo que no deja crecer la hierba allá por donde cabalga. Que no podemos vivir al lado de los que han hecho de la crueldad extrema un credo. Hoy debería escribir de los que no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra, porque se la han quitado, aun en la juventud, cuando queda toda la vida por delante. Debería escribir de la prisión permanente revisable: porque creo que nunca ha habido una figura punitiva en nuestro Código Penal más demandada por la gente. La gente de a pie. La que hace del día a día su vivir diario. La que levanta Galicia. La que sueña imposibles. Las personas que en verdad importan. Pero no voy a hacerlo. Porque incluso, afligido, pienso que hay gente que defiende lo contrario de lo que yo pienso y lo hace por convicciones morales. De conciencia. Y no por intereses partidistas. En ocasiones tan espurios.

Aun me golpean las declaraciones de Aitor Esteban esta semana. Es el portavoz del PNV en el Congreso, el partido que inició los trámites para derogar la prisión permanente que el Gobierno del PP sancionó en el 2015. PNV: 286.000 votos en el 2016, diez veces menos que el número de firmas que han presentado para que no se derogue esa medida punitiva, en mi opinión, imprescindible y justa. Voy a copiar las declaraciones de Aitor Esteban, literalmente, por si alguno no las conoce: «Desgraciadamente la prisión permanente revisable no ha salvado la vida de este niño, ni de Diana Quer, ni de otras personas. Esta medida no va a evitar que se produzcan determinados asesinatos y crímenes». Pocas veces en mi vida he escuchado algo más repugnante. Pero no puedo dejar que me venza la ira. No gritar que ya lo sé, que es cierto, que la cadena perpetua no va a evitar que los más miserables (asesinos de niños, por ejemplo) nos lluevan con su miseria. Es solo hacer justicia. Apartarlos de la gente decente. Las personas que en verdad importan. Esas que sueñan imposibles y aún creen, pese a todo, que la política es necesaria y honesta.

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