Ada Colau, Xulio Ferreiro y el rey


Sota, caballo y rey, dicen los que mantienen el hábito de echarse la partida después de comer. Son las verdades del barquero: incontestables. Como el himno del que tanto se hablaba la pasada semana y que esta ya es olvido. Se trataba de una broma: lo del PP defendiendo en masa el himno de Marta Sánchez. Menos mal que lo dejaron de lado, de no ser así yo hubiese pensado que estamos gobernados por la ilustración excelsa, pero al revés.

Me producía una vergüenza intelectual de difícil calificación que Mariano Rajoy, presidente de España, dijese que la inmensa mayoría nos sentíamos representados. Un esperpento de Valle Inclán. Este es últimamente nuestro sentimiento nacional. La realidad deformada. Un estado de ánimo perpetuo. Me pregunto qué sentiría él, don Ramón María del Valle y Peña, si leyera la letra del himno patriótico de Sánchez. Qué ñoñería, que banalidad, que insulto a la inteligencia. «Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no sé vivir… Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón». Y el presidente del Gobierno felicitando a la artista con loas que extiende a todos los españoles porque nos representa. A mí, tan español como Marta Sánchez, no puede representarme esta ordinariez.

Como tampoco representa a toda Barcelona Ada Colau, siempre sonriendo pero con la piedra escondida: para tirárnosla a los que no pensamos como ella. No asistió a la recepción oficial del rey. Con todo lo que ello representa: la imagen de una España deteriorada y en permanente conflicto. Después, en la cena, seguramente seguiría sonriendo a Felipe VI. Lo hacen siempre. Es la cobardía suprema. Actúan con acritud frente a las instituciones (para su público) y en privado parecen corderos. Actúan para cosechar votos, simplemente. Lo mismo hace Ferreiro manteniendo al mecenas de Puigdemont al frente del Fórum Gastronómico coruñés: amarra a sus votantes antisistema. La izquierda, que es más capitalista y vividora que la derecha, no cederá en su inquina hasta las elecciones municipales. Poco les importará que sus actos redunden negativamente en sus ciudades. Su interés son ellos mismos: la supervivencia política. Colau y Ferreiro son lo mismo.

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