Ciencia, antivacunas y posverdad


La publicación científica tiene mecanismos propios. El investigador elabora un artículo en base a unos resultados, lo envía a una revista y su editor valora el interés de los hallazgos. De hacerlo positivamente, se lo hace llegar a unos especialistas que lo valoran doblemente. Una buena crítica generalmente conduce a su publicación. Las revistas científicas tienen su caché; The Lancet, por ejemplo, es una de las grandes revistas médicas. Fue justo aquí donde A. J. Wakefield y sus coautores publicaron su famoso artículo sobre la relación entre la vacuna triple vírica y el autismo. Lamentablemente, el proyecto liderado por Wakefield resultó ser espectacularmente fraudulento, si bien sus autores tuvieron la habilidad de superar todos los filtros editoriales. Cuando se descubre un engaño, las revistas etiquetan el artículo como fraudulento; si uno busca el susodicho artículo en Internet, podrá observar esta etiqueta escrita con mayúsculas: «Retracted». El trabajo de Wakefield y colaboradores ha recibido el honor de ser catalogado como uno de los fraudes científicos más grandes de la historia (según Time). Aun conocedores del engaño, la curiosidad científica (el científico es curioso por naturaleza) ha motivado a muchos especialistas a evaluar la línea de trabajo fraudulenta abierta por Wakefield. De los miles de trabajos que se publicaron posWakefield, ninguno pudo probar esta asociación. Lamentablemente, el daño ya está hecho. Los colectivos antivacunas llevan alimentando sus discursos con información fraudulenta y carente de rigor científico (con especial veneración a Wakefield); pero lo hacen con gran vehemencia y entrega. Así, la tasa de vacunación está descendiendo preocupantemente, y son cada vez más frecuentes los brotes de enfermedades infecciosas otrora controladas gracias a campañas colectivas de vacunación. El fenómeno de la posverdad, bonito neologismo que apenas acabamos de incorporar en nuestro vocabulario, no es nuevo en ciencia. Y relacionar este eufemismo de mentira, estafa o propaganda, con los movimientos antivacunas es fácil. En EE.UU., la posverdad (popularizada como «estilo Trump») jugó un papel importantísimo en sus últimas elecciones presidenciales. Casualidad o no, su presidente actual es un conocido militante antivacunas. En la misma línea de pensamiento antivacunal, lo de Darwin y su teoría de la evolución es también un invento. Y el cambio climático, una exageración científica. Es una obviedad científica que las vacunas son el descubrimiento más importante en la historia de la medicina y con ellas se ha salvado un incalculable número de vidas. Desafortunadamente, aún no se han podido desarrollar vacunas para todos los gérmenes conocidos, y el de la posverdad tiene difícil solución.

Por Antonio Salas Ellacuriaga Profesor de la Facultad de Medicina de la USC

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