Libertad de expresión


Pocas veces alguien relacionado con el arte se ha equivocado de modo más inoportuno. Su torpeza, prohibir que se expusiese una obra de Santiago Sierra, resulta espantosa. Por anacrónica y, también, por impropia de una democracia. No solo ha cometido un error mayúsculo sino que ha alentado a aquellos que desde la mentira, o la posverdad, califican a España como un país donde las libertades se recortan a diario. Anna Gabriel, que pasó de vestirse de activista a parecer una mártir alumna de internado, está frotándose las manos.

El arte es rupturista o no es («épater les bourgeois», decían los simbolistas). Muchas de las banalidades que se exponen año tras año en Arco epatan y poco más. Buscan algunos artistas, o similares, que se hable de sus provocaciones perpetradas en forma de obra de arte. Lo consiguen muchas veces. Pero nunca tanto como Santiago Sierra. Enel 2010 el Gobierno Zapatero le concedió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Era un artista a su medida. Desde entonces, Sierra se ha consolidado entre la progresía como autor exultante. No esperaba el aliento de un necio que ha prohibido su obra y, sin quererlo, la ha catapultado: la han comprado de inmediato (dicen que un socio de Roures, el independentista económico supremo). España está empeñada en llevarse la contraria a si misma y, siendo un país donde las libertades y derechos están asegurados, parecer exactamente lo contrario. En ello se enmarca el secuestro de los ejemplares de Fariña, de Nacho Carretero, otro error, pero este derivado de una decisión judicial.

Otra cosa son las amenazas e incitaciones al odio. Porque desear que a alguien le peguen dos tiros o le pongan una bomba es delito. Y punto. No libertad de expresión. E insultar a los católicos, como el grosero pregón de Compostela, es una bajeza moral. Nada más higiénico que la libertad: para expresarse, opinar, vivir. Ahí me encontrarán siempre: defendiéndola. Lo mismo debieran hacer aquellos que estos días se rasgan las vestiduras y, sin embargo, gobiernan con sectarismo absoluto sus ayuntamientos (¿Cuántos «no izquierdistas» intervienen en las programaciones culturales de Compostela o A Coruña, por ejemplo?). Libertad de expresión. Para todos, por supuesto.

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