Virginia Wolf


Cuando ya se acerca el octogésimo aniversario de la muerte de Virginia Woolf, que se suicidó un día de enero de 1941 adentrándose en el río Ouse con los bolsillos llenos de piedras, la escritora inglesa se mantiene presente en las estanterías y las mesas de las librerías españolas, por lo que me imagino que también en las del resto del mundo Se ha traducido al español recientemente el primer volumen de sus diarios y la Universidad de Harvard hace ahora públicas numerosas fotos intimas de la escritora que ha digitalizado y subido a la red. Yo, cada vez que voy a Londres, me acerco a la National Portrait Gallery, que me encanta, para contemplar su retrato más famoso. En Phyllis y Rosamond, el primero de sus relatos, de 1906, aparece ya Bloomsbury como el territorio de la libertad («Pues quien vivía aquí, en Bloomsbury, podía crecer como quisiera»). Es verdad que Virginia Stephen, pues así se llamaba de soltera, es un símbolo de algo inasible, del feminismo más delicado y doloroso, que se concreta en la reivindicación para toda mujer de «una habitación propia». A Virginia Woolf le ganó un Oscar Nicole Kidman en Las horas, en que la una interpretaba a la otra. Una película inteligente que habla de la señora Dalloway y también de la señora Woolf y su marido Leonard, y que no deja de ser un homenaje a este hombre que le dio su apellido y se quedó sin él. El hombre que escribió dos novelas que nadie conoce.

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