Prisión permanente revisable


El debate sobre el endurecimiento de la aplicación de la prisión permanente revisable en España que se ha instalado en la opinión pública en los últimos días carece de razón de ser mientras no se reforme nuestro texto constitucional. Quien esté a favor de esta medida, primero que lea a doña Concepción Arenal y, tras reflexionar sobre lo escrito al respecto por tan ilustre gallega, le eche un vistazo al artículo 25.2 de la Constitución. Si nuestra ley de leyes recoge que las penas privativas de libertad están orientadas hacia la reeducación y la reinserción social, eso está reñido con la eufemística manera de llamar en nuestro país a la cadena perpetua.

España tiene uno de los códigos penales más duros de los que están vigentes en Europa, pero eso no quita que hasta el más execrable de los criminales tenga la oportunidad de rehabilitarse tras pasarse buena parte de su vida encarcelado. Pero, sobre todo, sería recomendable que no se avivase la llama del debate sobre esta controvertida medida por oportunismo político, pues todos llegamos a entender, aunque algunos no quieran reconocerlo, que el presidente Rajoy sacó el tema a la palestra, tras meses sin hablarse del mismo, después de la aparición del cuerpo de la joven Diana Quer.

Decía Rousseau que el hombre es bueno por naturaleza, pero que la sociedad le corrompe. No privemos a nadie de la oportunidad de reinsertarse tras, pongamos por caso, veinte años en prisión.

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