Gran coalición, palanca europea


Los miembros del partido socialdemócrata alemán, que finalmente habrán de votar el acuerdo de Gran Coalición alcanzado por Martin Schulz y Ángela Merkel, se enfrentan a un dilema. Y es que esa fórmula de gobierno presenta algunos gravísimos inconvenientes, pero, tal y como el acuerdo se ha concretado, resulta también muy seductora. Entre los problemas, y al margen del posible coste en términos de votos para el propio partido, cabe destacar que la unión de los dos grandes partidos rivales puede ser una solución para el país, pero solo en momentos y circunstancias extraordinarias; la «política normal» pide competencia y no consenso continuado. Pues bien, en Alemania la Grosse Koalition se prolonga ya desde 2009; al final de esta legislatura se completarán doce años, un período de excepción demasiado prolongado. Ahora mismo, además, supone dejar el liderazgo de la oposición en la peligrosa extrema derecha, que ya alcanzó un gran resultado en la última elección. Y no puede olvidarse que el SPD se comprometió por activa y pasiva al presentar su programa electoral a no dar ese paso. Su credibilidad, y la del conjunto del sistema, no dejarán de resentirse ante tan manifiesto incumplimiento.

Frente a todo lo anterior, sin embargo, están los contenidos concretos del acuerdo alcanzado que, al menos vistos desde España, resultan más que envidiables. Véanse las prioridades que fija en materias como la educación o la innovación; para la última fija un compromiso de alcanzar un 3,5 % del PIB (solo como contraste: en España, 1,19 %). En materia de política económica, además, el acuerdo parece asumir bastantes de las críticas que muchos hemos hecho a Alemania en estos años (excesiva austeridad, pobre consumo, escasa atención a la inversión pública). Como clara manifestación -y como símbolo- de esto último, en el ministerio de Finanzas, centro absoluto de esa política, la mano de hierro de Wolfgang Schaüble será sustituida por la de Olaf Scholz, un socialdemócrata sin grandes apegos doctrinarios.

Desde nuestra perspectiva, lo verdaderamente importante está en la importancia que el acuerdo da a la necesidad de avanzar en una profunda reforma de la gobernanza de la UE, y en particular de la eurozona (habrá que reconocer el mérito de Martin Schulz al haber insistido este tema). Esta vez las propuestas de la Comisión van en la línea correcta, y sería muy desmoralizador para la conciencia europea que se frustraran: un poderoso fondo monetario; un nuevo tratamiento de las deudas soberanas, una genuina política fiscal; completar la unión bancaria. Cuestiones a las que el Gobierno alemán se ha opuesto durante años y que ahora, en cambio, se compromete a apoyar.

Confieso que si yo fuese militante del SPD tendría enormes dudas sobre la decisión a tomar. Como simple ciudadano europeo, sin embargo, deseo fervientemente que el acuerdo se consume.

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