Paul Newman y los 50 huevos


Si Paul Newman hubiera nacido millennial es posible que su primera actuación fuese pasar por un reality para demostrarnos su habilidad de comerse cincuenta huevos cocidos en una hora. Afortunadamente para él -y para todos nosotros- esa increíble escena de La leyenda del indomable solo fue un hito más en su magnífica carrera como actor, y además, no tuvo que comerse los cincuenta, aunque sí un par de docenas de tanto repetir las tomas. Hoy el talento tiene ese hándicap, que se explota en concursos que se reproducen por esporas para una audiencia ávida de asombro. Nada tienen que ver estos shows con aquel Cesta y Puntos de Daniel Vindel en que los niños competían en conocimiento, o aquel Gente joven por el que pasaron Marta Sánchez, Isabel Pantoja o Mecano. Aunque siempre ha cuajado el concurso en que los artistas sobresalían cantando, hoy el talento se ha desparramado como nuestra insatisfacción. Así que si una enciende la tele de repente ve a gente exhibiendo su don: cantar, bailar, hablar, cocinar, decorar, tunear coches, vestir, convivir… o coser, el hilo conductor del próximo talent de TVE. Tal vez pronto veamos a los funcionarios del INSS (saben de mi cariño) demostrar cómo se resuelve bien la papeleta de la burocracia, a médicos curar mejor y más rápido o a ingenieros hacer puentes en 24 horas. Nos falta tiempo. Se nos desbordó el talento de tanto usarlo.

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