Bendito seas, Woody Allen


La prueba del fracaso de la gobernanza cultural del PP en España son, año tras año, los premios Goya. Los Goya son el cénit de lo políticamente correcto. Antes había carnés de militancia en el PC o PSOE, ahora basta con «ser de los Goya» para que te den el salvoconducto: no eres sospechoso. Yo, sospechoso sin remedio, observo el panorama y me declaro en rebeldía. Han convertido un acto cultural en una corrida de toros donde el toro, tristemente, es la cultura. Lo hacen muy a su pesar: porque ser de «los toros» tampoco es correcto. Me harta su pose progre. Su «o eres de los nuestros o eres un facha». Y también me harta la mediocridad del cine español, aunque en la última gala el cine era lo de menos. Tocaba reivindicar el papel de la mujer y en los corrillos hablar mal de Woody Allen. Qué triste confundir autor y obra. Qué deplorable esta epidemia de estupidez que padecemos.

Vuelvo al fracaso de la política cultural conservadora, que nunca ha sido conservadora: por eso tuvieron al frente de la secretaría de Estado de Cultura al exmarido de la socialista Meritxell Batet, tan socialista como ella pero del PP. La cultura no le interesa a Rajoy. Por eso no va a los Goya. Pero imagino que se los cuentan. Le dirían que fue más de lo mismo. Los buenos y los malos. Y los malos siempre son los populares. Ellos, que tienen de número dos del Gobierno a la persona que más ordena en España, una mujer. Y al frente ejecutivo del partido a otra (que no se habla con la anterior). El PP ha tragado con todas las imposiciones ideológicas de la izquierda excepto con la repartición del capital entre los parias de la tierra. Imagino que está esperando a que a alguno del PSOE se le ocurra, y entonces vendrá Mariano y dirá a los gerifaltes de la economía, que vivan Marx y Engels y si tragamos con el aborto, tragaremos con lo que haga falta.

En conclusión, los Goya son la prueba evidente de que dices Cultura y pides un contrario y la gente grita: ¡PP! Pero no es que al PP le importe. A mí, tampoco. Lo único que lamento es que el mundo cultural se haya vuelto tan fanático, intransigente y sectario. Si no eres políticamente correcto, te borran. Y qué le voy a hacer si yo, ay, sigo amando las películas de Woody Allen.

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