El último trago en Bruselas


Hay un bar muy famoso en Bruselas que presume de servir mil variedades de cerveza. Se llama el Delirium Café. Y es uno de los principales reclamos de la noche de la capital comunitaria. Cuando nadie sabía dónde estaba el huido Carles Puigdemont, hubo tuiteros que lo situaron en la más profunda de las tres plantas del bar del elefante rosa a punto de dar una rueda de prensa.

No fue así. Aunque como dicen los italianos, «se non è vero, è ben trovato». La saga-fuga del líder secesionista aún no ha concluido. Y nadie con sentidiño puede descartar que los indepes sean capaces de dar un nuevo cuádruple salto mortal para mantener vivo el agonizante procés y resucitar el desprecio olímpico por la realidad. Pero los mensajes del expresident cazados por El programa de Ana Rosa (¿sabremos alguna vez si fue un posado o un robado?) han mostrado la tramoya y al tramoyista. Todo es mentira. Lo ha dejado clarísimo desde la prisión de Estremera el encarcelado líder de ERC, Oriol Junqueras: a Carles solo le queda el simbolismo (y, a largo plazo, el mito y el olvido). Entonces sí cabe suponer que se refugiará en un bar (pongamos el Delirium Café) para tomar un penúltimo trago y contar con amargura a los compañeros de barra aquella historia de que fue president de una república que apenas duró 18 segundos.

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