La patronal, como «Sálvame»


Hay que remontarse a los tiempos de Abderramán III para hallar un clima de consenso y colaboración en la Confederación de Empresarios de Galicia. Y aun así habría que analizar muy mucho cómo se entendían entonces las relaciones entre los diferentes líderes provinciales, porque lo que es hoy la cosa está más cerca de un programa especial de Sálvame, donde todos disparan contra todos y todos arremeten contra quien osa levantar la cocorota, que de una asociación que defiende intereses comunes.

La dimisión de Antón Arias por «agotamiento», ante las continuas refriegas que él llamó educadamente «confrontación permanente», vuelve a colocar a la patronal gallega al borde del suicidio y tratando de superar, otra vez más, las diferencias que se antojan insuperables.

Es cierto que algunos planteamientos del presidente dimitido, como que no vería con malos ojos un referendo para Cataluña o que hay que retocar al alza los sueldos ahora que la crisis va remitiendo, no son propios de una organización que puede que todavía arrastre en ciertos aspectos la cultura de Gerardo Díaz Ferrán. Pero el talante conciliador y dialogante de quien se acaba de rendir porque ya no podía más, no va a ser fácil que lo encuentren en este nuevo contexto.

Porque Arias, a quien las luchas internas no permitieron que diera viabilidad económica a la institución, culminando el trabajo iniciado por Antonio Dieter Moure, ni que reformara los estatutos para romper con esa «confrontación permanente», no fue la excepción en la historia reciente de la organización empresarial. Antes padecieron las embestidas de los oponentes críticos sus antecesores José Manuel Fernández Alvariño y Antonio Dieter Moure, por lo que también acabaron dejándolo todo.

Pero lo de la CEG va mucho más allá que los perfiles o el saber hacer de quienes van ocupando la presidencia uno tras otro. Es la lucha eterna de la Galicia del norte contra la del sur. Del empresariado coruñés y lucense contra el ourensano y pontevedrés. Lo negarán, para eso están, pero en los últimos tiempos las propuestas de A Coruña, apoyadas por Lugo, fueron rechazadas por las confederaciones de las otras dos provincias. Y viceversa. En el caso de Arias Díaz-Eimil, ni tan siquiera entraron a valorar su propuesta de reforma, que incluía una presidencia rotatoria a petición de una de las provincias. Es que lo proponía el eje norteño.

Debe de irles bastante bien la cosa de la facturación a los empresarios gallegos cuando dedican parte de su esfuerzo y de su tiempo a las algaradas. Hace décadas que la situación se repite una y otra vez; que lo que propone el sur no lo quiere el norte y viceversa y hace años que los presidentes desfilan sin tiempo a calentar la silla ni a proponer su programa.

Ahora que están a punto de iniciar una nueva etapa deberían de reflexionar lo importante que es para Galicia y para su empresariado contar con una CEG fuerte, compacta y con iniciativa. Y eso se logra superando los localismos. Vamos, combatiendo la enfermedad del paletismo.

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