Día o noche a lo bestia


Papá Noel vive en Rovaniemi, en la región finlandesa de Laponia, uno de los principales destinos turísticos del país. Cerca de su casa pasa la línea imaginaria del círculo polar ártico: eso implica que en el solsticio de verano el sol alumbra durante 24 horas y en el de invierno es casi siempre de noche. En algunas fases del año, la duración del día solar les cambia más de media hora en dos días, mientras que en la mayor parte del año les cambia media hora cada cuatro días.

Ante tal panorama, la hora arriba o abajo regulada por la directiva de la Unión Europea sobre el cambio horario estacional les supone poca cosa (aparte de sincronizarse con Europa) y les da igual suprimirla.

Puestos a pedir, los finlandeses piden quedarse con el horario de verano: prefieren entrar con más oscuridad al trabajo por la mañana, para rescatar así algo de día por la tarde.

Es una opción que ya han tomado zonas extremas del planeta, como fueron los casos de Islandia (en 1968), Alaska (en 1984), la región canadiense de Saskatchewan (en 1960) o la de Magallanes, extremo sur chileno (en el 2017).

En todos los casos lo hicieron por una razón parecida a la que ahora mueve a los finlandeses. Ahora bien, el grueso de Europa no está en los bordes del círculo polar, así que sus razonamientos no le son aplicables.

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