¿Un mundo feliz? No: solo muchísimo mejor


Si debiéramos fiarnos de lo que proclaman sin cesar políticos extremistas de izquierdas y derechas y organizaciones que viven de fomentar el pesimismo, el mundo es un infierno que empeora cada día. A ese discurso truculento se han sumado, ¿cómo no?, los millones de internautas que, desde la endogamia devastadora de la Red, insisten en que solo los ricos y los tontos defienden ya que el mundo actual es el mejor que el género humano ha conocido. En contra de esa visión publicó un gran libro en 2011 Steven Pinker, catedrático de psicología en la Universidad de Harvard, cuyo título (Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones) anunciaba su tesis esencial: que la espectacular disminución de la crueldad y la violencia ha hecho de la época actual la más pacífica en la historia. Sin que ello signifique que la violencia no deba aun disminuir, Pinker demuestra, con una información impresionante, la certeza de su idea. Otro brillante profesor, Max Roser, historiador y economista de la Universidad de Oxford, acaba de publicar en su web (https://ourworldindata.org/) una serie de gráficas que prueban que el mundo de hoy es, pese a sus problemas evidentes, mucho mejor que cualquiera en el pasado. Reconociendo lo que ha empeorado (sobre todo el medio ambiente), Roser prueba sin posible discusión la mejora del mundo en muchos ámbitos. 

Por mencionar solo algunos datos, la pobreza extrema, que en 1950 afectaba a tres cuartas partes de la humanidad, afecta hoy al 10 %: mucho aún, pero muchísimo menos que hace poco más de medio siglo. El porcentaje de analfabetos superaba con claridad en 1960 al de alfabetizados (58 a 42) cuando esa relación (85 a 15) es hoy muy favorable a los segundos. En salud el avance es innegable: en 1800 la mortalidad infantil era de un 43 %, en 2000 de un 8 % y en 2015 había bajado a la mitad. La libertad también ha progresado a paso de gigante: si en 1950 solo el 31 % de la población vivía en democracias hoy lo hace el 56 %, dato que cobra todo su valor al recordar que el 80 % de quienes sufren una dictadura lo hace en un único país: la China comunista. El gran crecimiento de la población, que el catastrofismo militante ve como una auténtica tragedia, ha sido, explica Roser, consecuencia del crecimiento económico, el aumento de la calidad de vida y la caída de la mortalidad. En materia de educación, en fin, el profesor alemán no solo constata los grandes avances producidos sino que pronostica que, al ritmo actual, en 2.100 tendrán educación secundaria más de 7.000 millones de personas. Los datos de Roser son, como el libro de Pinker, un rotundo mentís a esa economía política del pesimismo que hoy mantiene a tanta gente. Y, también, un aliento de esperanza en el género humano que tantas veces olvidamos metidos de lleno, como estamos, en la estúpida vorágine de un día a día que, efectivamente, puede ser desolador.

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