Portugal, meu amor


Pensar que un país va como un tiro porque han puesto uno de sus políticos al frente de la ONU, ha ganado Eurovisión y Madonna se ha ido allí a pasar una temporada es un poco aventurado. Nosotros también tuvimos a Rodrigo Rato liderando el Fondo Monetario Internacional y no es para sacar pecho precisamente. Y si en Portugal tienen el South Summit, como ejemplo de emprendimiento e impulso tecnológico, en España se celebra el Mobile World Congress, que multiplica por diez las dimensiones del evento luso en asistentes y compañías participantes.

Como una de nuestras costumbres nacionales es tirarnos los trastos a la cabeza, hemos visto el tímido renacer al otro lado de la Raia como un agravio comparativo. Pero las cifras macroeconómicas no dejan lugar a dudas: su deuda es estratosférica, mucho mayor que la de España; su déficit, también; su crecimiento es menor (aunque el ritmo sea más elevado, consecuencia lógica de haber recibido una lluvia de 77.000 millones de euros en forma de rescate europeo), al igual que su PIB. Solo la tasa de desempleo es realmente destacable, pero, ¿a costa de qué? De qué los jóvenes no lleguen ni siquiera a mileuristas y el sueldo medio sea de 968 euros al mes, mientras que el de España supera los 1.600 (recuerden, son estadísticas: si tu ganas 1.000 y yo 3.000, el sueldo medio son 2.000 euros).

La inversión extranjera es otro de los argumentos que se utilizan para ensalzar la bonanza y el nivel de confianza de Portugal. Resulta que como el país estaba hecho unos zorros y a precio de saldo, empresas foráneas se hicieron con el control de numerosos sectores, desde la principal aerolínea (TAP) a los aeropuertos, pasando por astilleros, la televisión pública o la mayor eléctrica (EDP), cuyo accionista de referencia es el Estado chino. Como para estar orgullosos. A cambio, a este lado todavía conservamos el segundo banco de la eurozona por capitalización bursátil, gigantes energéticos como Repsol, Iberdrola o Gas Natural y la multinacional textil más grande del planeta.

Pensarán que me ha dado un ataque de chauvinismo, pero no es eso. Problemas los hay en todos los lados, incluyendo esos paraísos nórdicos que tienen índices récord de alcoholismo, agresiones machistas y suicidios. No somos perfectos, nuestros vecinos pueden darnos algunas lecciones, pero no son como creemos los alumnos aventajados de la clase.

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