El reino de Rasputín


Se puede estar o no de acuerdo con él y con sus planteamientos pero a Artur Mas hay que reconocerle un mérito excepcional. Está en todas las salsas, es el inductor de gran parte de los desastres catalanes y, sin embargo, tiene la habilidad suficiente para no aparecer en los peores momentos, ni para asumir responsabilidades.

En realidad la definición que más se ajusta al perfil de Mas es la de conspirador o manillador. Un inductor en la sombra al estilo de Rasputín, aquel siniestro asesor capaz de embaucar a la dinastía de los Romanov, a través de la zarina Alejandra, llevándolos a la ruina. Pues Mas, igual. Es el instigador principal del desastre catalán, formando parte incluso del comité para la sublevación, y ahora nos viene con que el procés estaba en marcha, que él poco sabía y que Puchi, a quien colocó a dedo para que siguiera sus instrucciones, tiene que dar marcha atrás. Y si creemos al director del Palau, que hay que creerlo, «en CDC no decidían los tesoreros, allí mandaba Mas». Mandaba en un saqueo que le proporcionó casi siete millones de euros a la formación de la que era responsable.

Claro que su táctica es la de Rasputín. Trabajar en la sombra y negar cualquier implicación. Dirigir pero no aparecer. Que otro dé la cara y haga el trabajo sucio. Por eso, horas antes de conocerse la sentencia ya dejó claro que él no tenía constancia de que hubiera «mordidas» en la financiación de Convergència, que es lo mismo que dijo Rajoy de la del PP; Chaves y Griñán del PSOE andaluz y Cristina de Borbón de los desmanes de su esposo. Resulta sorprendente que a mentes tan privilegiadas no se les ocurra preguntar por qué les cae y de dónde, tanto dinero. Si es por su atractivo personal o porque han sido agraciados con el sorteo de la Once. Que pudiera ser.

La sentencia que conocimos ayer deja claro que Convergència se benefició de una trama corrupta que le reportó millones de euros en comisiones por obras públicas. Y dice también que, al margen de los condenados, no se puede excluir la participación de otros responsables, en una clara alusión a los que se esconden. Pujol y Mas, entre otros. Estar de retirada o haber dimitido no los exime de responsabilidad.

Así que ahora que ya sabemos que quienes promovieron la rebelión de los señoritos, también llamada procés, lo hicieron desde un partido corrupto, habrá que aguardar la postura que adoptan ERC y la CUP, emblemas de la honradez y, sobre todo, qué hace la progresía de este país que apoya ciegamente las artes del catalán, alumno aventajado de Rasputín. Hay que estar atentos porque ahora viene lo bueno.

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