¿Qué no le pasa al Real Madrid?


Lo más grave: está a 19 puntos del Barça. La herida sería mortal si el PSG les echa de su copa, la Champions. Florentino sigue en su papel favorito, el de dios, mientras los semidioses del campo se han convertido en una manada de adolescentes perdidos. No saben si son niños o adultos y las decisiones que toman tienden al disparate. Una clave del desastre está en permitir que se marchasen de manera torpe algunos jugadores. No es verdad que el equipo sea el mismo del año pasado. Salieron Pepe, James, Morata y Mariano y entraron imberbes como Ceballos, Llorente, Theo y Borja Mayoral. Borja Mayoral no es ni Mariano, entonces quinto delantero y ahora estrella goleadora en Francia. Esos cromos del álbum les daban a Isco, a Asensio y a Lucas Vázquez un apetito de competición y el veneno de la adrenalina que ahora no tienen. Sentían las espuelas. Mariano y Morata elevaban la competencia de forma brutal, donde Mayoral es gaseosa. Pepe era un acorazado sin domar, que dio buenos minutos. James marcó algún gol determinante en Champions. Y Morata, al lado de Benzema, es un genio. Incluso así el once que hay debería meter más miedo. Este Madrid anestesiado, que no corre, trota, no asustaría ni a un miedoso patológico como Mourinho. El portugués sería capaz de jugar al ataque contra este Madrid por primera vez en su carrera. Hemos pasado de un juego salvaje y violento, donde la amenaza del gol no escampaba nunca, a este discurrir pazguato y previsible como las horizontales de un crucigrama. El momento físico no es bueno. Las estrellas no meten el pie, un clásico siempre que es año de mundial. Pero es el Madrid. Florentino no ayuda con sus golpes de efecto. Fichar a Kepa es volver a desestabilizar a Keylor. Jugar a dios y sugerir un doble cambio, carambola espectacular, de Cristiano por Neymar y Bale por Kane, solo lo hace alguien como Florentino que está convencido de que no es humano. ¿Está el Madrid preparado para que se vaya Cristiano? ¿Lo está para que llegue Neymar? Lo del casi siempre lesionado Bale por el efectivo Kane tiene su punto. Pero el total no pinta bien. El Madrid ha conseguido algo que parecía imposible en España: se raja más de su crisis que de la crisis de Cataluña. De Zidane no hablo, porque Zizou era tan malo como técnico antes cuando ganó todo, como ahora, que solo sabe perder. Ese balón pinchado por el cirujano Fornals del Villarreal mató el partido e hirió más al Madrid, pero pueden ser los tres mosqueteros Neymar, Cavani y Mbappé quienes terminen de rematarlo si los dejan sin su Grial, la Champions, el sentido de su existencia. El invierno más temido se acerca, está por llegar. El Madrid no tocó todavía fondo. Está astillado, en el pozo y el Muro aún no ha caído. Está sin musa a la que escribir. No marca ni Cristiano al que le falta poco para hablarle al balón como si fuera la calavera de Hamlet, si es que Cristiano supiera qué es una calavera. La depresión puede ser más profunda que este virus de la gripe que lo tiene zumbado y sin saber qué hacer si hay tormenta nuclear en París. Ahí sí sería la devastación. Pero enterrar ya al Madrid y apostar por el casino francés del jeque yo aún no lo haría. El Madrid se lleva o no se lleva en la sangre. El Madrid no es una mosca, como los demás equipos no siempre funcionan como aeroplanos.

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