Bankia, luz y taquígrafos para un desastre


Aunque tardía, la comisión de investigación sobre la rescate financiero creada en el Congreso se está mostrando útil para conocer los detalles de uno de las mayores catástrofes acaecidas en España en el presente siglo: la crisis bancaria. Recordemos que, hace unos meses, el Banco de España ponía cifras al coste del rescate a los bancos: nada menos que 60.613 millones de euros. Un desastre brutal, escandaloso, para un país que en estos años ha experimentado retrocesos importantes en servicios básicos y que se ha situado a la cola en inversión pública entre los países desarrollados, cuando al mismo tiempo la deuda pública se disparaba hasta niveles próximos al 100 % del PIB.

Pues bien, de ese coste una parte fundamental correspondió a Bankia, salvada de la quiebra con 22.429 millones de fondos públicos (aunque es verdad que una parte podría recuperarse a través de su venta, aún pendiente).

El origen del caso Bankia se remonta a los años noventa, cuando Aznar y Rato sustituyeron a unos buenos gestores por un amigo fiel, Miguel Blesa. Desde entonces la politización de la entidad tomó los peores derroteros, que, ahora sabemos, cada vez se apoyó más en una gestión arbitraria, asentada sobre sueños de grandeza. Luego llegaron los proyectos de fusión, en los que siempre aparecían, más que análisis estratégicos de viabilidad, puras batallas de partido. Y ante todo eso, el Banco de España prefería mirar hacia otro lado.

Por venir de un gran protagonista en el colapso final de la entidad, la declaración de Rodrigo Rato tiene mucho interés, pese a su obvia intención de atacar para defenderse. De ella surge una imagen en la que se confunden errores políticos, luchas descarnadas y caos regulatorio. Sus palabras confirman, sobre todo, que la gestión del caso por parte del nuevo Gobierno -y en particular del ministro De Guindos- a comienzos del 2012 fue un completo desastre, que actuó como un elefante en una cacharrería. Una pésima gestión que agravó considerablemente un problema ya agudo, hasta llevar al país entero al drama del rescate financiero (y a la imposición del famoso Memorandum of Understanting).

Tardía pero imprescindible transparencia: así lo muestra este revelador testimonio.

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