«Spain is not only Catalonia»


Entre las distintas chorradas que el procés dijo en inglés -«Catalonia is not Spain», «Tabarnia is not Catalonia» y «The stupidity is immeasurable»-, hay un cuarto eslogan -«Spain is not only Catalonia» -que es necesario asimilar. Porque si seguimos creyendo que este país no tiene más realidad, ni más problemas, ni más lenguas y más culturas que las que ama o desprecia Puigdemont, entraremos en un desorden general que pondrá fin a la avalancha de oportunidades y venturas que recibimos del cielo, del destino, de la Pachamama o el Big Bang, porque cualquiera de esos poderes puede explicar la buena suerte de un Estado tan laico. Rajoy -dicen- lo vio claro. Y, una vez establecidos y probados los mecanismos llamados a impedir que el procés actúe como el detonador de una revuelta general contra España, conviene insistir en que vivimos en un país democrático y descentralizado, y que, si a una parte de los ciudadanos le mola el riesgo, no le podemos impedir que aprendan en cabeza propia lo que podrían aprender en la ajena. Así que, si quieren procés, que no se priven; y que, sin más condiciones que las que impone la ley en defensa de la unidad y la Hacienda, repitan su intento de regresar al Paraíso por los caminos del caos. Los del resto de España -como dice Junqueras- tenemos que volver a gobernarnos, a hablar de política seria y serena, y a activar las acciones y reformas que nos permitan aprovechar esta tozuda tendencia al crecimiento del PIB y del empleo que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos, no hemos conseguido frenar. Si apartamos la vista de Cataluña, se percibe una estabilidad social que ni la crisis pudo destruir. Sin haber cerrado aún los acuerdos de financiación equitativa y solidaria con la que todos queremos gobernarnos, ya se aprecia la progresiva reposición de los servicios y prestaciones afectados por la crisis.

Y, puesto que los regalos -como las desgracias- nunca vienen solos, hasta podemos decir -sin regocijarnos- que la política internacional, en la que han tomado asiento los personajes más atrabiliarios y peligrosos, nos está señalando como una agradable excepción, a cuya seguridad y atractivo acuden en masa millones de viajeros. Pero no olvidemos que toda péndula, si no se le da cuerda, tiende a parar. Y España también acabará parándose si no activamos su política, sus instituciones, sus inversiones y reformas y sus innumerables estímulos.

Y para eso hay que incrustar en nuestra normalidad la voluntaria anormalidad de Cataluña, para que, sin negarle ayudas y oportunidades, no nos distraigan de sembrar y segar nuestras propias fincas. Rajoy -parece- ya está corrigiendo rumbo. Pero, para lograr plenamente el objetivo, necesitamos que todos, y especialmente los medios de comunicación, rebajemos el nivel de perplejidad y espectáculo en el que Puigdemont y los suyos nos tienen instalados.

Si quieren «procés» que no se priven. Los del resto de España -como dice Junqueras- tenemos que volver a gobernarnos, a hablar de política seria y serena.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
58 votos
Comentarios

«Spain is not only Catalonia»