Tabarnia, Alavarreta, Corulandia

.

Para los que aún no se hayan enterado, la cosa se resume con gran facilidad: un grupo de catalanes, a los que se supone hartos del delirante procés secesionista, se han inventado una reivindicación en todo paralela a la de los independentistas que, precisamente por ello, saca a luz los embustes, necedad e insolidaridad sobre las que el nacionalismo ha construido esa memez del, supuestamente, sacrosanto derecho a decidir de Cataluña. Los impulsores de Tabarnia promueven la autodeterminación de las comarcas costeras de Barcelona y Tarragona, coincidentes con territorios donde los catalanes contrarios a la secesión tienen mayoría. Y construyen la reivindicación de una Tabarnia independiente de Cataluña echando mano del mismo demencial argumentario que los nacionalistas catalanes utilizan contra España: proclaman que «Tabarnia is not Catalonia»; que Cataluña la expolia fiscalmente, pues Tabarnia reúne la mayor parte de la riqueza catalana («Cataluña nos roba»); que los no tabarneses viven por tanto a cuenta de los tabarneses; y, en fin, que Tabarnia tiene una identidad cultural indiscutible al coincidir sus límites con los del antiguo condado de Barcelona, capital de la nación que surgiría de la secesión. Se trata, según me lo resumía ayer en un mail un buen amigo, de impulsar el esperpento del procés dentro del procés. Aunque, dada la situación en que se encuentra una buena parte del electorado catalán, no hay que despreciar la posibilidad de que la reivindicación tabarnesa acabe movilizando en serio a cientos de miles de personas, los efectos de su simple aparición como humorada han sido más demoledores para el desvarío secesionista que todos los rigurosos argumentos con los que se han combatido hasta ahora sus dislates. Y es que, siguiendo la sabia reflexión de Winston Churchill de que «una broma es una cosa muy seria», los tabernistas han recurrido a la mejor tradición del humor como arma de denuncia y de desmitificación de majaderías que se presentan a sí mismas con la más empingorotada seriedad. La tradición de Thomas de Quincey, Gilbert Chesterton, Lytton Strachey y, entre nosotros, de nuestro inmenso Julio Camba.

Si Cataluña puede ser independiente de España, ¿por que no Tabarnia de Cataluña, o Barcelona de Tabarnia? ¿Por qué el País Vasco de España y no Álava del País Vasco? ¿Por qué Galicia de España y no, cualquiera de sus provincias, de Galicia? La invención de Tabarnia, que podría venir seguida por la de Alavarreta o Corulandia, y de todas las mamarrachadas que una mente humana es capaz de imaginar después de haber compartido con Míster Johnnie Walker una tarde, es un «ben de Dios», que diría mi querido padre, pues pone al descubierto el gran secreto que los independentistas catalanes, vascos o gallegos tratan de ocultar: que lo que se nos presenta como un derecho inalienable no es más que una solemne patochada.

Votación
81 votos
Comentarios

Tabarnia, Alavarreta, Corulandia