Nunca abandonan un caso


No ha sido fácil, como explicaban ayer los máximos responsables de la investigación de la desaparición de Diana Quer. Los agentes de la Guardia Civil se encontraron con numerosas dificultades desde el primer momento. No hay testigos, no hay pruebas, no hay cuerpo. «Son los casos más difíciles de investigar», admitía ayer en A Coruña el coronel jefe de la UCO. Desveló que hubo momentos en los que no tenían pruebas para demostrarle al juez que decidió cerrar el caso en abril que había materia para investigar al principal sospechoso. Sabían que era él, pero no podían ir más allá. Les faltaban las pruebas. Y sin ellas no hay caso.

No pintaba nada bien. El caso se había estancado. Estaba en vía muerta. Miles de datos y de información obtenida en un año y cuatro meses de investigación, de horas de seguimientos y de entrevistas, podían irse al traste. Pero un investigador no tira la toalla ante un caso sin resolver. Y la Guardia Civil no lo hizo.

Hace un año que los guardias civiles estaban tras la pista del principal sospechoso de la desaparición de Diana Quer. Pero tenían que moverse con extremo cuidado porque el Chicle sabía que lo estaban investigando, porque su mujer avalaba su coartada y, fundamentalmente, porque aún no sabían dónde estaba el cuerpo de la joven madrileña. El ataque del Chicle a una joven en Boiro lo precipitó todo. Fue la pista que faltaba para que la esposa dejase de apoyarlo y para que el sospechoso confesase dónde estaba Diana.

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