Vivimos como galegos


Discrepo de las conclusiones de la investigación del IVIE-BBVA relativo a la medición de los niveles de bienestar y de satisfacción de los habitantes de las comunidades autónomas que recientemente se ha dado a conocer por dicho centro de análisis. Los gallegos, a mi juicio, no somos los últimos en el ránking de satisfacción de la vida como apunta la mencionada publicación. Es al revés, sostengo yo, nos situamos entre los primeros. Los índices que se utilizan para medir el bienestar proceden de la combinación de distintos parámetros procedentes de diferentes dimensiones. De esta forma, se entremezclan ratios de renta y de riqueza; de empleo y de salarios; de condiciones de vida; del estado de la salud y de la educación; de conexiones sociales; de los compromisos cívicos; del medio ambiente; y de la seguridad. Sin embargo, los relativos a cuantificar los niveles de satisfacción proceden de respuestas a una pregunta directa. Lógicamente, los resultados de Galicia arrojan una evidente disparidad. Aparecemos por encima de la media española en lo referente a los niveles de bienestar; y, sin embargo, estamos situados a la cola, en lo que atañe a las ratios de satisfacción de la vida, destacando como la comunidad autónoma más insatisfecha. La pregunta clave radica en explicar el porqué de esta clasificación. Fundamentalmente, porque el analista no fue capaz de detectar y de explicar el contenido de las respuestas de los gallegos, ni tampoco de procesarlas adecuadamente. Los gallegos poseemos códigos propios para expresar lo que somos, lo que tenemos, lo que esperamos y lo que autopercibimos. De ahí que no sea fácil, para un foráneo, detectar y descubrir algunas de nuestras claves secretas, internas y de nuestras relaciones extra-personales. Asimismo, la investigación del IVIE-BBVA no ha tenido en cuenta los históricos comportamientos del ser humano gallego. De haberlo hecho sentiría que los gallegos enfocan sus decisiones sobre un análisis científico fundamentado en una rígida objetividad y dentro de un sistema de costumbres determinado; y, al mismo tiempo, sobre la base de una manera de ser muy especial y singular. O sea, marcando distancias sobre aquellas características globales y homogeneizadoras. Es decir, subrayando que nuestro método de análisis ha de contener varias notas de enorme significado específico; diferente de otras realidades sociales; y, procedentes de legados y herencias diferenciadas. En este sentido, los gallegos poseemos dos consideraciones básicas muy acentuadas. La primera, hace referencia a nuestra complejidad sociológica en lo tocante a nuestro ser. La segunda, un peculiar sentido de comportarnos en el plano económico. De ahí, mi discrepancia y la necesidad de combatir las visiones negativas.

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