La diferencia es el precio


Anteayer asistí en Londres a la presentación de los últimos smartphones de Honor, la segunda marca de Huawei. Es una compañía que se concibió en el 2011 y se creó oficialmente dos años después, cuando en el mercado de la telefonía caían gigantes (Nokia, BlackBerry, Motorola Microsoft...) y se ponían los cimientos del actual dominio asiático en el sector. Tener una marca low cost o de gama media era algo visionario hace un lustro, cuando la mayoría de los fabricantes miraban solo arriba, al iPhone; pero se ha demostrado un acierto total, porque para competir en esta industria hay que vender muchos teléfonos de entre 100 y 300 euros.

Honor también fue pionera en la internacionalización, empezando por países emergentes como Malasia o la India y dando después el salto a Europa. Su target es el público joven (en la presentación hicieron un guiño ofreciendo antes del evento un espectáculo a cargo de dos especialistas en malabarismos MTB) y por eso sus terminales se han hecho muy populares en las estanterías de las tiendas especializadas. «Nuestra intención es estar en el top 5 mundial en los próximos tres años, y en el top 3 en los próximos cinco», explicó el presidente global de Honor, George Zhao, y para ello planean elevar las ventas fuera de China, que hoy suponen un 15 % del total, al 60 % en el 2022.

¿Cómo van a conseguirlo? Con móviles como el View 10, el nuevo buque insignia de la marca. Tiene el mismo chip neural (basado en principios de Inteligencia Artificial) que los terminales premium de Huawei, el Kirin 970; la misma pantalla de casi 6 pulgadas, con formato alargado 18:9 (que se está convirtiendo en un estándar) y resolución Full HD; una cámara dual capaz de procesar 33 imágenes por segundo y reconocer si lo que tiene delante es una persona, un animal, un monumento o un plato de comida... y hacer los ajustes necesarios para adaptarse al tipo de fotografía. También tiene carga rápida, una batería de gran capacidad, un sistema de reconocimiento facial y un grosor récord de 6,9 milímetros. Y un precio por debajo de 500 euros.

En el Mermaid Conference & Events de Londres muchos se preguntaban cómo es posible ofrecer un teléfono con estas especificaciones por menos de la mitad que un iPhone de última generación o incluso por 200 euros menos que el Mate 10. Es como tener al enemigo en casa. Pero los chinos lo tienen claro: es una cuestión de márketing. Son dos productos muy similares (salvo el logo de Leica en la cámara del Huawei), pero uno va destinado al cliente premium y el otro no. El hardware es (casi) el mismo, la diferencia es el precio. Así de simple.

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La diferencia es el precio