Cataluña y el sexo


En Comú Podem quiere legalizar la prostitución y darle cabida en el mercado laboral de Cataluña, hipotética nueva Holanda con barrio rojo, escaparates con reclamo hacia la calle y ciega ante derechos humanos fundamentales. No es la primera vez que estas formaciones -al igual de Ciudadanos, por cierto- se decantan por la legalización, pero ahora esta posición se someterá al voto de quienes podrán valorar si es coherente con la defensa de los derechos de las personas, consintiendo, favoreciendo y perpetuando que las mujeres traficadas sean desahuciadas de su sexualidad, de su ciudadanía y de su libertad. Existió siempre, se dice. Y se puede responder que también el incesto, el robo, el asesinato... pero no por ello se legalizan.

¿Animará alguien a sus hijas a estudiar una formación profesional donde puedan aprender todas las variantes comerciales que la industria sexual considere demandables? ¿Se inscribirían en una oficina de empleo como trabajadora sexual o instarían a sus amigas, conocidas, o compañeras, a hacerlo? ¿Es un trabajo como otro cualquiera? No parece que haya empleos neutros en este campo. Y allí donde se ha normalizado y normativizado la industria del sexo, la carne ofertada siempre tiene nombre de mujer, las tramas mafiosas no solo no desaparecen, sino que crecen y no se logra que esta actividad alcance un lugar homologable en los estándares de dignidad exigibles al marco laboral.

La trata y tráfico de mujeres se mueve desde la pobreza y la falta de oportunidades en los lugares de origen hacia la primacía del poder del dinero en los de destino, donde todo se blanquea a su paso por caja. Los datos están a disposición de cualquiera: las mafias del proxenetismo mueven medio millón de mujeres solo en España, el país de la UE donde la demanda es mayor, crece y se da cada vez desde edades más tempranas. Por si esta reflexión se les hace demasiado feminista -que lo es- apelo al sentido común: ¿por qué no se legaliza el comercio de órganos trasplantados si la donación es voluntaria?

El Partido Feminista, que forma parte de Izquierda Unida desde el 9 de enero del 2016, acaba de exigir la retirada de esta propuesta porque «la formación política que defienda la prostitución no merece la consideración ni de izquierda ni progresista ya que únicamente está apoyando y reforzando el machismo masculino que realiza su sexualidad mediante la humillación y la explotación de la mujer, el poder del capital, del patriarcado y de las mafias que se enriquecen con ello». Así que la señora Colau y los señores Domenech, Iglesias, o Garzón, y quienes la respaldan, pueden quedarse, visto lo visto, con sus contradicciones al aire. No hay mal que por bien no venga si sirve para que cada quien se retrate como lo que realmente es.

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