Innovación y transferencia tecnológica


Expresidente de la Xunta de Galicia

En Galicia, la mayoría de los agentes públicos y privados coinciden en que el futuro pasa por la internacionalización y el fortalecimiento de la innovación tecnológica

Uno de los pilares de cualquier estrategia de desarrollo se sustenta en aquellas actividades relacionadas con la innovación y las transferencias tecnológicas. Los estudiosos han constatado una relación positiva entre el aumento del gasto en I+D y el crecimiento económico; y que una mayor inversión en I+D se asocia con ganancias de productividad. También se puede argüir que existe una coevolución entre el crecimiento real del PIB y el gasto bruto en I+D de los países. Entonces, ¿por qué no se sigue apostando por esta inversión? O ¿qué pasa cuando dicho gasto se reduce? España ha llevado a cabo un proceso de convergencia con Europa en términos de PIB; pero en lo que hace referencia a los ratios de I+D se produce lo contrario, se constata un alejamiento de los índices europeos y de los países de la OCDE.

De una parte, las empresas invierten poco en I+D debido, entre otras cuestiones, al tamaño de la empresa (predominan las microempresas); al modelo productivo y sus niveles de especialización sectorial; a la insuficiente cualificación de los directivos; y finalmente, a una cultura innovadora limitada. De otra parte, el sector público es quién más contribuye (más del 45 % del gasto total registrado) a la I+D; aunque en los últimos años se ha resentido, debido a los recortes presupuestarios derivados de los efectos de la crisis económica y de las diferentes apuestas del Gobierno.

Galicia, por su parte, muestra un comportamiento difícil de entender en el contexto actual. La mayoría de los agentes públicos y privados coinciden en su diagnóstico en que la apuesta de futuro radica en la internacionalización y en el fortalecimiento de la innovación tecnológica y su inmediata transferencia al tejido empresarial. Sin embargo, los presupuestos autonómicos revelan descensos muy abultados en dichos ámbitos. Es como si planteáramos lo siguiente: hay que hacer una cosa; pero, luego, hacemos la contraria.

Repasando los datos oficiales referidos a Galicia contemplamos la abrupta separación entre el mundo científico y académico con el empresarial. Se afirma en los trabajos específicos sobre el tema, «a pesar del potencial de los centros de investigación y los recursos invertidos, sus objetivos son muy divergentes y alejados de los del sistema empresarial». Así, resulta fácil concluir que ni se potencia el conocimiento multidisciplinar, ni se actúa con decisión a la hora de atraer y retener el mejor talento autonómico; ni se facilitan los modelos de contratación entre las universidades y organismos públicos de investigación con las empresas. Las consecuencias más inmediatas son la fuga de cerebros, la deslocalización geográfica de empresas y el aumento de la dependencia tecnológica. Llevamos muchas desventajas acumuladas respecto a otras comunidades autónomas y, sobre todo, continuamos equivocándonos al sostener una política de creación que apuesta por la instalación de dispersos y minúsculos centros/plataformas que poco pueden hacer de cara a reforzar el rol de las empresas punteras y abiertas al mundo. Mucho peor son las recientes apuestas por las agendas tecnológicas que no hacen más que instaurar un nuevo sistema de subvenciones políticas. Concluimos: la actual situación resalta cómo se desatienden los compromisos respecto a la sociedad actual y, sobre todo, a la del futuro próximo, lo que es más preocupante.

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