Presidente depuesto


La victoria de Trump hizo palidecer los guiones de los dramas políticos más aventurados. Series como Scandal o The Good Fight tuvieron que reescribir algunos capítulos al comprobar que sus tramas iban a remolque de los titulares que abrían los periódicos. También los actores de House of Cards admitieron que sus calculadoras intrigas corrían el riesgo de volverse veniales frente a la realidad.

Queda descartado que el universo paralelo inventado por Puigdemont haya sido el golpe definitivo que ha dejado sin argumentos a una House of Cards que tiene los días contados, aunque ha puesto alto el listón al enmendar sus enseñanzas sobre la maleabilidad de los principios democráticos. «La política ya no es un teatro. Es el mundo del espectáculo. Así que montemos el mejor espectáculo de la ciudad», proclamó Frank Underwood cuando colgó sus propios carteles en las elecciones generales españolas del 2016.

House of Cards se acaba. Echará el cierre después de una accidentada sexta temporada cuya grabación quedó ayer en suspenso hasta nuevo aviso. Un supuesto delito sexual contra un adolescente cometido hace treinta años por Kevin Spacey obligó a parar máquinas. Sus creadores aseguran que meses antes del escándalo se había decidido ya que el presidente sería depuesto. Sus conspiraciones habían tocado fondo.

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