La república catalana deviene en farsa

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Quique García | EFE

31 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Decía Alexis de Tocqueville que «en una revolución, como en una novela, la parte más difícil es inventar el final». Y, en efecto, el independentismo catalán tiene imposible inventar un final digno, aunque en su caso sería más bien un epitafio, a lo que no es novela sino comedia de enredo. Ingenuos, creíamos haberlo visto todo con el dantesco episodio de unos diputados que votan en secreto la independencia para blindarse ante la justicia del país del que se están declarando independientes mientras reclaman a los suyos que den la cara por la república. Pero no. Aquello era solo el comienzo de una ópera bufa cuya comicidad va en aumento.

La escena berlanguiana de Puigdemont huyendo clandestinamente en coche junto a cinco exconsejeros para pedir asilo en Bélgica, tratando de escapar de una querella por sedición contratando a un abogado de etarras y dejando a sus compañeros colgados de la brocha en Cataluña, es el mejor gag de esta enorme mascarada.

Pero los chistes se acumulan. Después de prometer una heroica resistencia e instar a los funcionarios catalanes a incumplir las órdenes de Madrid, jugándose así su sueldo y su puesto de trabajo, los consejeros y altos cargos destituidos de un plumazo por Rajoy escapan como conejos o abandonan mansamente sus despachos tras recoger la foto de los niños.