La república catalana deviene en farsa


Decía Alexis de Tocqueville que «en una revolución, como en una novela, la parte más difícil es inventar el final». Y, en efecto, el independentismo catalán tiene imposible inventar un final digno, aunque en su caso sería más bien un epitafio, a lo que no es novela sino comedia de enredo. Ingenuos, creíamos haberlo visto todo con el dantesco episodio de unos diputados que votan en secreto la independencia para blindarse ante la justicia del país del que se están declarando independientes mientras reclaman a los suyos que den la cara por la república. Pero no. Aquello era solo el comienzo de una ópera bufa cuya comicidad va en aumento.

La escena berlanguiana de Puigdemont huyendo clandestinamente en coche junto a cinco exconsejeros para pedir asilo en Bélgica, tratando de escapar de una querella por sedición contratando a un abogado de etarras y dejando a sus compañeros colgados de la brocha en Cataluña, es el mejor gag de esta enorme mascarada.

Pero los chistes se acumulan. Después de prometer una heroica resistencia e instar a los funcionarios catalanes a incumplir las órdenes de Madrid, jugándose así su sueldo y su puesto de trabajo, los consejeros y altos cargos destituidos de un plumazo por Rajoy escapan como conejos o abandonan mansamente sus despachos tras recoger la foto de los niños.

Oriol Junqueras, el Gandhi de Las Ramblas que llamaba a la desobediencia civil para defender la república catalana, dice ahora que era broma y que ERC participará en las elecciones a una autonomía española convocadas desde Madrid. Y lo mismo hará el PDECat. Nadie quiere perder la poltrona ni dejar al pairo a los miles de cargos y asesores que viven de la mamandurria independentista. Algún día muchos catalanes se preguntarán avergonzados cómo confiaron en semejantes saltimbanquis.

Los mismos diputados independentistas que juraban solemnemente que en cuanto se proclamara al república catalana abandonarían «de forma inmediata» el Congreso se aferran como posesos a su escaño y al sueldo mensual de 5.000 euros que les paga esa España ladrona que tanto repelús les da. Hasta a los antisistema de la CUP, camisas pardas del secesionismo totalitario que prometían irse a hacer «una paella» el 21-D, les ha durado poco la machada y pasarán por el aro del 155. Tigres de papel. El golpe de mano de Rajoy desnuda también, por fin, el sainete de Podemos, un partido en el que cada militante es una corriente y que estalla definitivamente, incapaz de soportar tanta perfidia y tanta ambigüedad calculada de Iglesias y Colau sobre el delirio independentista. Todo es ya comedia. Hasta el preso de confianza que acompaña en la celda al líder de la Asamblea Nacional de Cataluña, Jordi Sánchez, ha pedido el traslado porque no aguanta «su matraca con el tema del independentismo». «Ya no podía más», explica el pobre recluso.

Por una vez, de los Marx citaré a Karl, y no a Groucho. «La historia se repite siempre dos veces, primero como tragedia y después como farsa», sostenía el pensador alemán. Y tanto.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
54 votos
Comentarios

La república catalana deviene en farsa