El nacionalismo guerracivilista

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

28 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Ni siquiera el desvarío en que el secesionismo lleva meses instalado puede impedirle ver la realidad a Puigdemont y a la tropa que le ha ayudado a engañar a cientos de miles de personas en su viaje hacia el abismo. Porque la verdad es de una evidencia apabullante: la declaración de independencia que ayer perpetró el nacionalismo en el parlamento catalán con desvergonzada cobardía (¡votando en secreto!) no tiene posibilidad alguna de triunfo.

Ni la reacción del Estado - que ha destituido de inmediato al Gobierno sedicioso y disuelto el parlamento que culminó la delirante mascarada- ni la de la comunidad internacional -ninguno de cuyos miembros reconocerá como un acto legítimo la traición de los nacionalistas-, dejan el más mínimo resquicio a los rebeldes, a quienes solo espera ya el banquillo del tribunal que los juzgará por los delitos de lesa patria que con plena conciencia han cometido.

Pero la atroz responsabilidad en que han incurrido Puigdemont y sus compinches va mucho más allá de la que ante un tribunal penal puede depurarse. Dicho con la claridad que resulta hoy indispensable: Puigdemont y sus compinches son los culpables de que ayer, de golpe (¡nunca mejor dicho!) y porrazo, España retrocediera casi un siglo: al guerracivilismo que creíamos clausurado para siempre a cal y canto.