El «procés» de Oliver y Benji


El que desea sacar ventaja transforma en breve un camino largo... Engaña al enemigo, lo hace ir lento y descuidado, y luego avanza con rapidez». Lo dice ese clásico de la estrategia, El arte de la guerra de Tsun Tzu. Y parece que es uno de los principios que inspiran el desafío secesionista.

Terminado el tiempo de las cartas, ahora llega el del puño de hierro del 155 enfundado en el guante de seda de la intervención «muy limitada» que quiere el PSOE y propicia la «vía mariana»: trámites, procedimiento, pasos muy medidos. Eso afectará a la repercusión del procés y hará más difícil que los trending topic atraviesen las fronteras de Twitter, circulen por WhatsApp y, por consiguiente, lleguen a la gente de la calle. También dificultará que algún presentador bata el récord de tiempo en directo.

El desafío sigue ahí, tan grave como el primer día. Pero se nota el hartazgo. Y en las redes ya circulan mensajes que comparan el intercambio de misivas entre Govern y Gobierno con aquellos interminables partidos de fútbol de Campeones, aquella serie de dibujos en la que los jugadores trotaban cansinos e infatigables por campos más largos que la playa de Carnota.

Oliver (que curiosamente acabó jugando en un trasunto del Barça llamado Cataluña FC) y Benji triunfaron en la tele española en los 90, la misma década en la que se produjo la última gran transformación del mapa europeo tras la caída de la URSS. De aquel tiempo proviene el mito esloveno al que ahora se aferran los secesionistas para seguir soñando con una independencia imposible: el mundo ha cambiado.

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