Me subo a un coche de la Guardia Civil


Un ciudadano se sube a un coche de la Guardia Civil. Una noche cualquiera. Puedo ser yo mismo. Me dan el alto. Y me bajo de mi coche y, cuando me piden que me identifique, me vengo arriba, nunca mejor dicho, y me subo al coche de la Guardia Civil. Por el capó. Con toda la jeta. Saco un megáfono y animo a la gente a que haga corro y a que me ayude. A que rodee a los agentes. A que pegue carteles en el coche de la Benemérita. A que lo rompa. Cierto es que yo no estoy proclamando ninguna consigna independentista, pero ¿cuál sería la reacción de los agentes de la Guardia Civil? Pues detenerme y llevarme a los calabozos. No esperarían una semana para que viese a la jueza. Ni me darían tiempo de decir envalentonado que esta noche duermo en casa. Me detendrían, y ya dormiría en un calabozo. Y lo harían también con los colegas que me jaleasen. Claro que mis colegas no serían cientos y estarían vulnerando un montón de leyes para evitar un registro policial con una orden de un juez. No. Mis colegas estarían conmigo de fiesta, y los agentes del orden pondrían orden y no permitirían ni dudarían en llevarnos a todos al calabozo. La perversión del lenguaje independentista consigue que no leamos con claridad lo evidente. Nadie puede subirse a un coche de la Guardia Civil y animar a manifestarse. Nadie puede animar a destrozar un coche de la Guardia Civil. Encima los Mossos que tenían que ayudar a los agentes que están allí por mandato judicial se dedican a pasar y a silbar entre dientes Els segadors para seguir la estrategia de El Trapero. Imagínense que en Murcia deciden que llegó el momento de subirse a los coches de la Guardia Civil y ya puestos a los de la Policía Nacional y que, hoy con las redes sociales, el asunto se hace viral y todo el mundo empieza a escaquearse de un control policial con el flashmob de trepar al techo del vehículo policial. Dicen los independentistas, y se suman diputados de En Marea como el vate Fernán Vello o líderes como Pablo Iglesias o Ada Colau, que no hay derecho. No. Así lo que no existe es el Estado de derecho. Los líderes de Òmnium y ANC tienen toda la libertad de expresión que garantiza la Constitución, pero finaliza, como la mía, en el momento en el que pasan de la expresión a la acción y movilizan a la gente para sublevarse contra los que cumplen el mandato de un juez. Mal estamos si llevamos el debate a que en España no hay derechos y deberes, no hay jueces, no hay libertad. Súbase usted a un coche de la Guardia Civil a ver qué le pasa. No le garantizo que la experiencia le guste. O respetamos todos lo mismo, o no nos respetamos. El problema es que en vez de Historia algunos solo quieren hacer Histeria.

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