Cataluña, escuelas convertidas en iglesias


Visto con una mínima distancia, el delirio político y social que se vive en Cataluña desde hace meses resulta racionalmente inexplicable: una comunidad con una autonomía política superior a la de la mayoría de las regiones de los Estados federales, cuya historia es la de España desde hace siglos, cuya diversidad (cultural, lingüística o jurídica) ha sido reconocida como jamás lo estuvo antes y, por si fuera poco todo lo anterior, cuya poderosa economía la convierte en una de las zonas más ricas del país.

La extrañeza que causa el dislate catalán que asombra a Europa es mayor vista la ínfima calidad política de los que dirigen la rebelión contra el Estado, la escandalosa perversión de la realidad en la que basan sus ridículos embustes, la gravísima irresponsabilidad con que han metido a siete millones de personas en un callejón sin salida y la pintoresca amalgama de líderes y partidos unidos para convertir a Cataluña en una parodia de lo que un día logró ser: desde curas neocarlistas hasta republicanos come curas, desde adinerados burgueses hasta extremistas de la izquierda antisistema que practican la estética Jarrai. ¡Todos juntos en unión defendiendo la bandera... de la autodeterminación!

¿Cómo entenderlo? Pues en grandísima medida por efecto de cuarenta años de adoctrinamiento nacionalista en escuelas e institutos, que, de hecho, se han convertido en Cataluña en auténticas iglesias donde se enseña el credo de la nación catalana, oprimida y expoliada por una España brutal, facha y montaraz. Todos los sabíamos desde hace mucho tiempo, aunque solo ahora, con Cataluña al borde del abismo, se han atrevido a denunciarlo en voz bien alta muchos de los que, dominados por el miedo al ostracismo civil, han sufrido, o están sufriendo, un abuso intolerable, absolutamente incompatible con los principios de una sociedad abierta y pluralista. La lengua es en Cataluña ?como en otros territorios: en Galicia lo sabemos? un arma de adoctrinamiento, como lo es la historia ?manipulada hasta límites grotescos?, la literatura e incluso la propia geografía. De un modo burdo, según ha podido verse para escándalo general en estos días, o de uno más sofisticado, la educación primaria y secundaria es desde hace años en Cataluña la gran fábrica de independentistas, como puede verse por la edad de la mayoría de los que salen a la calle a apoyar la rebelión de la Generalitat.

España, la de todos, la que es incomprensible e inexplicable sin la gran aportación de Cataluña, ha dejado allí sencillamente de existir y ha sido silenciada o sustituida por esa mera caricatura que da aliento a la secesión. Por eso ni el 155 ni todos los artículos juntos de la Constitución servirán para nada a largo plazo si las escuelas e institutos catalanes no vuelven a ser lo que debieran: espacios de educación y no de manipulación.

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