Tiempo de política


No deja de tener gracia que quizá la frase más sensata sobre lo que nos está ocurriendo la haya pronunciado Andreu Buenafuente: «Me niego a pensar que esto no tenga solución. Solo hay que poner política. Porque la política, como dijo Aristóteles, es el arte de cambiar las cosas». Aunque luego resulte que esos caminos no sean tan fáciles de hacer, sobre todo si se trata de conciliar los intereses de nuestros líderes políticos. Porque todos quieren salir ganadores de esta confrontación histórica. Hemos caído en un agujero del que aún no sabemos cómo salir. Y ahí estamos. Si Churchill estuviese vivo, quizá nos dedicaría la frase con la definió a la Rusia de su tiempo: «Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma». Porque esto parecemos nosotros ahora, en cierto modo. Sin embargo, creo que se precipitan los apocalípticos que no paran de anunciarnos desastres, porque el contexto internacional no está como para reírles las gracias y celebrar ocurrencias sediciosas. Hemos vivido un espectáculo deplorable y bochornoso en Cataluña, con los inefables paladines Puigdemont y Junqueras al frente. Pero, ¿al frente de qué? Esta es la pregunta. ¿Cuantos pasos más piensan dar? ¿Y hacia dónde? En 1934 se proclamó el Estado Catalán y no se convirtió en la solución de nada, sino en la infausta división de una sociedad ya cuarteada y rota que se empotró en una Guerra Civil. Hoy estamos convencidos de que esto, felizmente, es impensable. Pero nunca deben de dárseles oportunidades a los genios del mal. Porque, como dijo el liberal irlandés Edmund Burke, «lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada». Esta es la oportunidad que no debe darse. El conocimiento de la lista de irregularidades de toda condición del procés no ha parado de aumentar los días. Es algo que casi ni parecía noticia, como si nos hubiesen anestesiado previamente. Pero poco a poco hemos ido recuperando la capacidad de reacción y el deseo natural de restaurar la legalidad. En ello se está. Lo contrario sería indicativo de lamentables e impropias actitudes políticas.

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