Golpe de Estado, rebelión, huelga y ahora qué


Antes de iniciar cualquiera de mis artículos sobre Cataluña, que fue próspera y quiere dejar de serlo, siempre me informo sobre la situación de Puigdemont, Junqueras, Forcadell, etcétera. Cuando sé que están libres, me pregunto cómo puede ser posible que eso suceda en un Estado de derecho. Después comienzo a escribir. Hoy, también, mientras contemplo cómo la huelga general de las CUP se desvanece en los noticiarios. Debe ser la primera vez en la historia que un partido con el 8 % del sufragio y poco más de trescientos mil votos conduce a todo un país a su principio motor: la revolución. Tienen otros principios, pero para qué enumerarlos todos, basten estos: expropiar la Sagrada Familia o Port Aventura, impago de la deuda, salida del euro, sodomizar a santos o apostar por el sangrado libre como forma de la liberación de la mujer. Estos son los promotores de la huelga de ayer. ¿No los conocen? 

El delirio de los independentistas catalanes ha cruzado todos los límites de lo verosímil: se creen su asonada. Han cumplido con creces el proceso de cualquier manual bolchevique: rebelión, golpe de Estado, huelga general y la señalización del adversario ideológico como enemigo exterminable. Me pregunto qué harán ahora con su revolución. Qué harán con su democracia, esa que consiste en negar los principios elementales de la Constitución de 1978 (votada masivamente por el pueblo catalán) y su propio Estatuto de autonomía. Qué harán con su fama de seny cuando han hecho del odio, y el rencor, su impulso motriz. Qué harán con su obediencia a la Ley cuando acosan a las fuerzas de seguridad y piden que se vayan de Cataluña: los echan de los hoteles, les rodean los cuarteles, les escupen e insultan y desprecian. Qué harán con su europeísmo, ahora que saben o debieran saber, pues así lo han repetido las autoridades, que en Europa no los quieren ni ver: cómo pagarán sus pensiones, quién comprará su deuda, qué españoles (odiados) adquirirán sus productos, qué empresas se quedarán con sede fiscal en un país que quiere ser independiente sin ofrecer garantía alguna. ¿Contarán cómo pagarán las pensiones? ¿Devolverán lo que nos deben al resto de los españoles? ¿Con quién jugará el F. C. Barcelona? ¿Pretenderán que los queramos, ellos, que tanto nos detestan? Aún así hay quien celebra esta revolución que a Puigdemont se le ha ido de las manos. Y por último: qué pensarán los burgueses catalanes que indujeron este delirio. Ya no piensan. Piensan las CUP.

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