Longevidad y despoblación rural


Galicia tiene un grave problema demográfico. De una parte, se constata un fuerte descenso de los nacimientos; y, de otra parte, se aprecia un intenso proceso de envejecimiento de la población. La longevidad es, por tanto, una cuestión evidente. Según los estudios de proyección demográfica, Galicia tendría en el año 2050 alrededor de 300.000 habitantes con más de 80 años; esto es, 75.000 más que en la actualidad; pero que representarían el 12,3 % del total, cuando hoy solo agrupan al 8,5 %. Más grave, si cabe, son los resultados proyectados para ciertos estratos de población. Por ejemplo, la población entre 20 y 35 años va a descender en 87.000 individuos de cara al año 2050; y el segmento entre 35 y 50 años contabilizará una disminución de cerca de 141.000 habitantes. En suma, pérdidas muy notables de población y un envejecimiento de la misma. Los efectos de dicha longevidad son claros. Repercuten en los patrones de consumo, de ahorro y de inversión, se apresuran en afirmar las entidades financieras y de servicios. Pero también hay que significar que generan impactos muy serios sobre los requerimientos de las infraestructuras de las viviendas y la ordenación de las ciudades; sobre las necesidades de las personas a nivel sanitario y cultural; y sobre las prestaciones sociales y económicas tanto a nivel individual como familiar.

De no prestar la debida atención a estos fenómenos podemos llegar a sucumbir en un plazo no muy lejano. Y dicha renuncia se vería como la aceptación de una derrota. En consecuencia, es preciso abordarlo sin mayor dilación. Sugiero la constitución de un panel de expertos que comience a analizar no solo los impactos, sino cómo ir arbitrando acciones a partir de ahora mismo.

Paralelo a esas dinámicas también asistimos a la consolidación de otro proceso: el despoblamiento rural. Atendiendo a la distribución de la población según los municipios, los resultados arrojan evidencias muy palpables. Los siete ayuntamientos con poblaciones superiores a los 50.000 habitantes apenas modifican su porcentaje en el total de Galicia (35,5 %, en el 2001; y el 36,3 %, en el 2016). El cambio más espectacular se produce en los concellos de menor población. En primer lugar, los municipios pequeños (menos de 2.000 habitantes) aumentan en lo que va de siglo, pasando de 75 ayuntamientos en el 2001, a 113, en el 2016. Su población censada también aumenta, pasando del 3,8 % al 5,3 % del total. En segundo lugar, el número de municipios entre 2.000 y 5.000 habitantes disminuyen; pasan de 117 concellos en el 2001, a 89, en el 2016. Su población, asimismo, disminuye, de representar el 13,8 %, en el 2001, pasa al 10,7 %, en el 2016. ¿Qué quiere decir esta dinámica? Que estamos concentrando la población en núcleos más reducidos y que la población allí residente es cada vez menor. Esta tendencia se agravará cuando agreguemos a esta dinámica lo que está sucediendo en los ayuntamientos de entre 5.000 y 10.000 habitantes, que también ven cómo se reduce su número y sus habitantes.

En suma, estamos asistiendo no solo a un despoblamiento de lo rural, sino que no resulta fácil fijar la población en el conjunto del territorio de la comunidad; y que tampoco somos capaces de aplicar una estrategia territorial policéntrica y acorde con las potencialidades endógenas de nuestra realidad.

Autor Fernando González Laxe Expresidente de la Xunta de Galicia

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