La sociedad ante el futuro


Cada vez son más numerosas las investigaciones sobre el futuro. Unos lo enfocan bajo la premisa de la esperanza; otros sobre el soporte de la anticipación; y unos terceros, sobre las bases y comportamientos de la sociedad. Sin embargo, para algunos expertos el análisis del futuro se fundamenta en la elección de algunas conceptualizaciones más prosaicas, complejas y antagónicas. Hay autores que prefieren aventurar el futuro a través de la profecía; esto es, sobre la suerte y el destino. Se asume que el futuro existe; que puede ser descubierto y ser contado, aunque también se asume que puede cambiar en el transcurso del tiempo. Una segunda escuela se basa en los rituales y en las rutinas históricas, creando sensaciones de seguridad y de certeza. Sus enseñanzas provienen de legados y tradiciones, transmitidas de generación en generación, poseyendo características muy específicas según las ocasiones. En tercer lugar, se sitúan aquellos que miran el futuro como un avance y desarrollo del capitalismo; de esta forma, se entiende que el futuro puede ser objeto de mercadeo, permitiendo que sea calculado, negociado e intercambiado. En ocasiones se imponen límites y, en otras circunstancias, los hechos condicionan las pautas y las situaciones diferenciadas Y, por último, existe otra corriente de pensamiento que se basa en la idea de construir un futuro transformable, es decir que puede ser moldeado, alternando pautas y líneas de actuaciones, logrando alcanzar una mayor responsabilidad y un más elevado compromiso en los sistemas y en las reglas.

Ante este esquema es preciso pensar en cómo instrumentalizar las respuestas. Los teóricos nos sugieren tres: la lógica de precaución, la de prevención y la de preparación. Se trata de evitar lo más desagradable y todo aquello que venga por sorpresa. Pero, al mismo tiempo que nos preparamos para el futuro, también conviene disponer de lógicas de resistencia y de resiliencia como mecanismos de recuperación después de un shock, con el objetivo de mantener en equilibrio al ecosistema.

Los impactos de la crisis económica han dejado huellas muy profundas. Las principales enseñanzas se centraron en la falta de atención a los perjudicados y en la falta de compromiso en exigir responsabilidades a quienes actuaron de manera laxa. Después de casi una década, se habla de que podemos recuperar los niveles macro anteriores a la crisis; pero, en cambio, no llegamos a alcanzar los niveles de empleo, ni de renta. Asimismo, tampoco recuperamos los derechos social-laborales adquiridos entonces, ni las condiciones de salud y bienestar obtenidas tiempo atrás.

Tanto la juventud como los expertos están sumando fuerzas para debatir cómo será la sociedad en el año 2040. Debemos explorar el futuro con una perspectiva organizada, estructurada, consistente, plausible y útil. Es preciso, por consiguiente, eliminar las nebulosas y centrarnos en definir un horizonte temporal que facilite los encuadramientos de las tendencias y de las incertidumbres. Utilizamos, para esta tarea, pensamientos creativos y técnicas que permiten estimular la imaginación de forma que se puedan evitar más y nuevos desajustes. Porque pronto el futuro será el presente; y no hay que frenar ni el ritmo ni el esfuerzo.

Fernando González Laxe es expresidente de la Xunta de Galicia.

Autor Fernando González Laxe Expresidente de la Xunta de Galicia

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