Ingeniería socioeconómica alemana


Soy un friki. Lo asumo. Me he molestado en cotejar los programas electorales alemanes. Sorprende que tanto CDU -democristianos- como SPD -socialdemócratas- dedican gran espacio a la familia, esa odiosa institución tan vehementemente denunciada por nuestros modernísimos, procedan de cualquiera de las viejas provincias romanas, o incluso de la ulterior marca hispánica carolingia, reinos medievales o condados.

Los de la CDU de Merkel piden respeto para la familia y ofrecen más pagos mensuales por hijo -Kindergeld-. Están abonando un mínimo de 192 euros mensuales, incluso hasta que el chaval  concluya sus estudios universitarios. 17 millones de niños y mozos teutones reciben ese cheque cada mes. El SPD, como es natural, va incluso más allá, y hasta promete otra ayuda de 300 euros mensuales a cada  familia para que los padres puedan pasar más tiempo con sus hijos. Recordemos que los alemanes trabajan una media de 1.371 horas al año, frente a 1.691 los españoles.

¿Por qué hacen cosas tan antiguas estos germanos? Con lo moderno que es el poliamor platónico. Pues porque son previsores. Alemania tiene 20,6 millones de jubilados. En el 2016 les subió sus pensiones un 4,25 % en los estados occidentales y un 5,95 % en los excomunistas. En el 2017 la subida fue del 1,9 % y 3,59 % respectivamente. Cuando hay grano en el granero se puede repartir. Pero pese a su eficiencia y productividad por hora trabajada, temen que no van a poder mantener a tanto anciano, así que ahora invierten en niños para poder rellenar sus graneros.

Nosotros, que no tenemos más que deudas, ahí andamos: unos queriendo rancho aparte, otros debatiendo sobre naciones, algunos tapando boquetes, varios mirando al tendido. La ingeniería socioeconómica española -y sus divisiones autonómicas- palidece ante esta potencia. Pero para llegar a ese nivel hay que comenzar por ser serio, riguroso, perseverante y formal. ¿Cumplimos estos requisitos previos? Me gustaría decir que sí, pero no puedo. Por fortuna no me presento a las elecciones.

En la vida, como en la mecánica, hay motores que funcionan y otros que no. Da vergüenza ajena recordar a quienes se reían de las reformas alemanas de Gerhard Schröder (SPD) en el 2005, con eso de estar en la Champions, España-va-bien o gozar del mejor sistema financiero del mundo y espetarlo así, con los ojos bien abiertos, en Nueva York, poco antes de tener que bajar los salarios, congelar las pensiones y disparar la deuda pública. Como no apuntalemos las bases del sistema seguiremos como siempre, superando el techo de parados y precarios tras cada nueva crisis, para luego consolarnos al rebufo europeo. Los alemanes son raros. Pactan CDU y SPD. Cada cual tuvo su historia, la han superado y han sabido buscar lo mejor para su país. ¿Envidia? Por supuesto, pero entendida como deseo de superación. Si queremos atender mejor a nuestros mayores debemos aprender. Y quien no aprenda que se consuele con sus ideícas y conspiranoias.

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