Análisis de los trilemas económicos


Expresidente de la Xunta de Galicia

Siempre se nos ha preguntado a quién quieres más a papá o a mamá. También por quién apostábamos, por el Celta o por el Dépor, en un derbi autonómico. No dejan de ser dilemas a la hora de responder. Ahora en economía lo que predominan son los trilemas. Es decir, escoger entre tres soluciones o determinar tres percepciones explicativas de la realidad. Después de la gran recesión del 2008, cuyos impactos fueron debidos a una regulación muy laxa y que provocaron el mayor contagio de las crisis financieras conocidas hasta el momento, los economistas fueron modificando sus planteamientos dualistas. Ya no había que escoger entre ser defensor de las tesis de Keynes o ser partidario del pensamiento de Hayeck. Las teorías económicas se volvieron más complejas, con mayores niveles de incertidumbre y con más elementos y variables a tener en consideración.

La interdependencia creciente entre economías junto al nacimiento y adopción de nuevas reglas y organismos internacionales genera la posibilidad de gestionar las discrepancias, corregir los desequilibrios y fomentar la libre circulación de las mercancías, capitales y personas. Nace, pues, un modelo de economía abierta y global. Sobre esos supuestos, Robert Mundell y Marcus Fleming (premios Nobel, en 1999) formulan su conocida trinidad imposible o el trilema de la política económica. O sea, cómo hacer compatible y mantener el control de los precios y, al mismo tiempo, ejercer un dominio sobre los tipos de interés, los tipos de cambio y la libertad de movimientos de capitales. Más tarde, el economista turco de la Universidad de Harvard Dani Rodrik, en su paradoja de la globalización, también insistió en que no es posible conseguir y garantizar, al mismo tiempo, la globalización, la democracia y la soberanía nacional.

Recientemente, en la reunión de Jackson Hole (finales de agosto y celebrada en Wyoming) las intervenciones de Janet Yellen (presidenta de la Reserva Federal americana) Mario Draghi (presidente del Banco Central Europeo) y de H. Kuroda (gobernador del Banco de Japón) también nos proponen un trilema, fundamentado en tres axiomas. El primero, hay que demorar el endurecimiento de la política monetaria para evitar un aterrizaje forzoso. El segundo, hay que preservar los equilibrios financieros (preferentemente los comportamientos de la deuda pública) en un contexto de imperfecta convergencia. Y, en tercer lugar, es preciso evaluar cómo deben ser los ritmos y las intensidades del tapering.

En España pasa lo mismo. El Gobierno nos quiere hacer participes de la actual bonanza económica. Sin embargo, los trilemas económicos continúan constituyendo una de las mayores preocupaciones ciudadanas. ¿Cuándo se recuperarán los niveles de empleo anteriores a la crisis? ¿Cuándo se recuperarán los salarios acordes a los niveles de cualificación y productividad? ¿Cuándo se operarán cambios en la oferta productiva y en el mercado laboral, no basados en el ladrillo y sobre la base de salarios bajos y contratos temporales?

Como ven, amigos lectores, los trilemas superan a los dilemas.

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