Terrorismos y violencias, hoy y ayer


Sabiendo que en España ya nada es lo que fue, hago memoria del 11M y de las manifestaciones de entonces. El silencio impresionante en Madrid. La gran manifestación en Barcelona. En las hemerotecas encuentro que once millones largos de personas salieron a la calle en varias ciudades españolas, 1,2 millones en Barcelona, con motivo de los atentados del 11M. Ni de lejos la manifestación del 26 de agosto en Barcelona alcanzó esa cifra. Tampoco las manifestaciones de solidaridad con las víctimas y frente al terrorismo en otras ciudades alcanzaron aquellas del 2011, si esta vez existieron.

Cierto que España cambió y el 2017 no es el 2004, incluida por entonces la realidad perversa de ETA. Otros Gobiernos y otras fuerzas políticas se han asentado en la España actual. No gobierna Aznar, ni es presidente de la Generalitat Pasqual Maragall. Aun así, medio millón de personas han salido a la calle en Barcelona. Antes se expresó el luto silencioso en las Ramblas, en Cambrils, en Ripoll.

Pero en algo seguimos pareciéndonos: la politización del terror se mantiene. Es fácil recordar la conspiración político-mediática del 11 de marzo, también la descalificación y puesta en entredicho de las fuerzas de seguridad del Estado entonces, que aún en este 2017 mantenía alguna cúpula policial que investigaba casos juzgados. Y desde luego, siempre, el uso espurio de las víctimas.

Por eso no sorprende el enredo ante la actuación de los Mossos, las acusaciones de falta de coordinación, la aparición crítica de los sindicatos de la Policía y la Guardia Civil, los aspavientos mediáticos a la respuesta impecable del mayor Trapero por su uso del catalán y del castellano, buscando las vueltas a una actuación que, ante el terror, nos había ido tranquilizando.

Tampoco sorprendió la actuación de la mayoría parlamentaria soberanista condecorando a unos y olvidando a otros. Ni el cambio de posición de la CUP ante los Mossos y sus actuaciones, tan amables ahora como descalificadoras aquellos días del 2011, cuando Artur Mas y la presidenta del Parlament necesitaban un helicóptero para acceder a la sede parlamentaria. Eran tiempos en que la austeridad del Gobierno de Rajoy se aprobaba con el apoyo de CiU de Artur Mas y la abstención del PNV. A la vez que el PP apoyaba los presupuestos del 2011 de la Generalitat de Artur Mas. Para, seis años después, estar en la quiebra democrática del soberanismo, con abuso de mayorías absolutas, en un ejercicio de violencia política para la mayoría de los ciudadanos catalanes que, según los votos, no son independentistas. Y con un Gobierno de España en espera desde hace cinco años.

No sorprende tampoco la politización de una manifestación que algunos rechazaron y luego utilizaron con una estrategia de consignas y banderas más allá de la solidaridad en el dolor. Pero, con todo y más, medio millón de personas salió a la calle contra el terror para decir, sin banderas, «no tinc por». Tampoco a las malas políticas y a los políticos que utilizan legitimidades torticeras.

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