La cobardía del dinero y la inquietud ambiente


Nada hay en la gobernación de los pueblos que cause mayor estrago que la inquietud en los espíritus y la desconfianza en el mañana.

Bajo la visión de estos dos fantasmas se vive en España desde hace tiempo, mejor dicho, se malvive. Ambos producen en nuestra economía una acción disolvente, son los imponderables que sin poderse precisar ni medir realizan la obra destructora de asustar al dinero.

Así, en el orden industrial, cuando surge una iniciativa y se acude a un capitalista presentándole un negocio bien estudiado y que ofrece seguro y positivo rendimiento, y que además se emplearían millares de brazos y haría próspera la región donde se implantara, el capitalista, después de estudiar la propuesta, contesta que el asunto, en efecto, es bueno, de resultados positivos, pero... las amenazas que en orden al trabajo se palpan en la hora presente, la inseguridad en el mañana aconsejan cruzarse de brazos y conservar las reservas metálicas escondidas en las arcas de los bancos.

Lo mismo que acontece en la industria y que en grado mayor a diario se repite en todo lo que afecta al campo; ¿quién se atreve en esos momentos a emprender en grande el cultivo de la tierra empleando los procedimientos que son ya corrientes en el mundo entero, el uso de los abonos, de la maquinaria, la transformación del secano en regadío, quién es el valiente que se decide a tal empresa? Cuando la propiedad del agro se ha desvalorizado en más del cincuenta por ciento, cuando las transacciones de la riqueza inmobiliaria están paralizadas por verse amenazada por todas partes, ya con la ley de intensificación de cultivos, la de arrendamientos, la de reforma agraria, los jurados mixtos, la jornada de ocho horas y el aumento de los jornales, en una proporción que no corresponde al rendimiento posible de los productos de la tierra, ¿quién dedicará su capital a las grandes construcciones cuando los obreros de estas pasan más tiempo en huelga que trabajando y cuando los jornales en los últimos cinco años se han duplicado? El comercio recoge las consecuencias de la gran crisis nacional de la producción y cada día su vida es más lánguida y pobre. Por eso la balanza del comercio se muestra con un desnivel alarmante.

Los problemas económicos no encuentran solución en el Parlamento. La rápida sucesión de los ministros hace que no tengan tiempo de enterarse de lo que está sometido a su competencia. La incapacidad de muchos es notoria. España se empobrece, pero en España existen todavía no solamente grandes fuentes de riqueza, sino importantes capitales que esperan la hora de ponerse eh circulación y emplearse en los negocios, pero, volvemos a repetir, la inquietud ambiente hace que se escondan. Así no se puede seguir más tiempo, España tiene derecho a vivir, tiene derecho a la tranquilidad que ha perdido desde hace años.

Todo parece que se concita en contra del capital cuando éste es condición esencial de vida; el régimen capitalista, hoy tan combatido por algunos, si desapareciera, traería solo el caos y la anarquía.

Lo que produce principalmente el susto que el capital siente en estos momentos es la continua perturbación del orden público, el haber perdido la confianza en el principio de autoridad, al verlo cada día más débil y más menospreciado.

Lo urgente es restablecerlo en toda su integridad y potencia. Tan ansiosa se encuentra la opinión de contemplarlo así, que ha bastado un rasgo, una actitud, para que la confianza renazca de súbito. Si persistiera esta actitud y esta conducta, el capital no tardaría en volver a salir. El capital es como los caracoles, se esconde ante la tormenta y sale en cuanto el sol luce.

Que ya dijo Ayala en El tanto por ciento, que no hay nada más cobarde que el dinero.

Gobernar no es transigir. Este es un tópico pasado de moda; gobernar es sencillamente gobernar. Es aplicar la ley sin contemplaciones; es obligar a que todos los ciudadanos cumplan con su deber.

Hay que ser optimistas, y hoy, ante el espectáculo que se ofrece, debemos creer que se perseverará en el camino comenzado y que con firmeza y con fe se llegará hasta el fin.

Jueves, 5 de abril de 1934

Las amenazas que en orden al trabajo se palpan en la hora presente, la inseguridad en el mañana, aconsejan cruzarse de brazos y conservar las reservas metálicas escondidas en las arcas de los bancos

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