Somos un gran país


Galicia es un gran país. España, también. El orden de factores no cambia en absoluto mi opinión. Me siento gallego y me siento español y, por fortuna, hoy no veo contradicción alguna en ambos sentimientos (me consuela saber que lo mismo piensa la inmensa mayoría de los tres millones y pico de gallegos, de aquí y allende). Hoy Galicia y España demostrarán de nuevo su grandeza: manifestándose contra el terror y la barbarie. Juntos, esa palabra vapuleada tantas veces. Nos han golpeado con saña y hemos sido capaces de levantarnos de nuevo. Volver a sonreír. Hasta hemos hecho guasa con el mensaje del fanático miserable, al que apodan el cordobés, amenazando nuestras vidas y nuestro futuro. Quizá eso sea lo que más les duele. Plantarles abrazos a su odio, y humor, aunque sea negro, a su violencia desatada. Los gallegos y los españoles tenemos mucho defectos. Durante años nos hemos tirado los trastos del rencor a la cabeza, y al corazón, donde las lágrimas perduran más que las cicatrices de la piel. Pero sabemos distinguir lo importante y lo accesorio. Llegamos al borde del abismo y recapitulamos. Damos un paso atrás y recomenzamos. Alzamos la voz de la solidaridad y los afectos. Lo que nos une por encima de lo que nos separa. Y ahí estamos. Hoy, resucitados por fin, dándonos la mano en lugar de darnos la espalda. Ese es el camino. La democracia lo marca: discrepar, respetar, avanzar. Ahí reside nuestra fortaleza. Lo que nos hace verdaderamente grandes. A Galicia. A España.

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