Bienvenidos al pluridisparate


Cuando abrimos una puerta corremos el riesgo de que alguien la cruce. Pasa lo mismo con la estupidez: si abrimos la veda es posible que más pronto que tarde nos encontremos desbordados por tonterías inimaginables. Por ejemplo, si decimos que España es un estado plurinacional, una nación de naciones y no detallamos, explicamos y acotamos el terreno, puede suceder que incluso Madrid pretenda ser una de esas naciones, que para ello tiene su propia historia, que la diferencia del resto de comunidades de España. 

José Manuel Franco, gallego de Pobra do Brollón, hombre de Pedro Sánchez y candidato a liderar el PSOE madrileño, se ha manifestado sobre la posibilidad de que en el nebuloso modelo de Estado que quiere alumbrar el partido de Sánchez para España, Madrid pueda ser una nación: «Si tiene que ser nación, nación. Si el Estado es plurinacional, como nosotros defendemos, que sea una nación dentro del Estado español. No debe asustarnos el nombre». Franco Pardo viene a reconocer que el hecho de que en el nuevo modelo a las comunidades se las llame nación o nacionalidad, le da igual. «Los nominalismos están más fuera de lugar que nunca».

Que a un serio aspirante a liderar el partido socialista en Madrid le parezca que es irrelevante el cómo llamemos a las cosas cuando de lo que se trata es de articular un Estado sólido y duradero, nos da una idea de las consecuencias de estar en política a golpe de ocurrencia. Porque eso es lo que ha tenido Pedro Sánchez, una ocurrencia. Bajo la palabra plurinacional pretende aparentar un modelo que, como el propio José Manuel Franco pone de manifiesto, está yermo de desarrollo intelectual.

Pedro Sánchez ha demostrado resistencia, fe en sus posibilidades y olfato para capitalizar el descontento de las bases socialistas con el aparato de Pedraz. Y se ha dado una gran oportunidad de reconstruir el partido. Pero su falta de solidez y de un proyecto claro constituyen una rémora difícil de paliar. Y esa fragilidad puede provocar mucho más daño que beneficio a ese futuro Estado federal que pretende armar con el pilar de la plurinacionalidad como base.

España tiene ahora mismo un problema de extrema gravedad, que es el desafío del independentismo catalán. Para solucionarlo se necesita un Gobierno que combine la mano izquierda con la firmeza y que sea inteligente adelantándose a los movimientos de los secesionistas. Ciertamente, el Ejecutivo de Mariano Rajoy no siempre nos transmite seguridad ni la sensación de que tiene todo bajo control, pero es a quien le corresponde liderar el gabinete de crisis. Y para ello necesitará una oposición leal, que le apoye sin fisuras y que no pretenda hacerse un hueco en el debate público con ocurrencias que pueden acabar extendiendo un problema que hoy por hoy está focalizado en una sola comunidad autónoma.

Lo dicho, hay puertas que solo se deben abrir cuando tengamos la seguridad de que nuestra casa no será invadida por el disparate.

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