«Iros a buscar cocretas»


«Pues si la Academia ha aceptado iros, no sé qué tiene de malo fúrbol». «No le detenemos por eso, señor Villar». El diálogo, evidentemente apócrifo, es una muestra del nivel del debate en las redes sociales sobre la decisión de la Academia de aceptar iros como variante de la segunda persona del plural del imperativo de irse. El trato que recibe en esos ámbitos cualquier decisión de la RAE, desde la que es de cajón hasta la más discutible, es inmisericorde. Un tuit, no muy sobrado de elegancia, sintetiza lo ocurrido estos días: «1. La RAE dice que la forma correcta es idos. 2. La gente pasa de su culo y dice iros. 3. La RAE acepta iros. 4. La gente se enfada». Algunos críticos con la Academia se sienten aludidos y se enojan de nuevo porque, aseguran, ya antes usaban idos.

Algún observador perspicaz advierte en Internet que, por fin, muchos hablantes empiezan a decir idos en vez de iros. En la misma línea, pero pasando de la ironía al humor, otro atribuye a la Academia un tuit en el que esta revela que todo era una broma y que el objetivo era ver si la gente se enteraba de una vez de que la forma correcta es idos.

Uno de los temas recurrentes para atacar a la Academia es la supuesta inclusión en el Diccionario de cocreta, que nunca estuvo allí, ni está, ni es previsible que llegue a entrar jamás: «Normal que la RAE acepte iros, cocreta y murciégalo. Para empezar aceptaron a Pérez Reverte». A otro que agita la cocreta le responde un tercero que el Diccionario no registra esa voz, pero el enmendado tiene la última palabra, aunque con peculiar sintaxis: «Cierto, era almóndiga, es que ya, al final, uno se lía, pero vamos que para la primavera la tendremos». Más gracia tiene el autor de este diálogo, aunque sin dejar de tropezar en las cocretas: «¿Diga?». «¿Es usted Seño Matilde, profesora de lengua en el 87?». «Sí, ¿quién es usted?». «¿Recuerda aquel cero por poner “Iros a buscar cocretas”?».

Un repaso final a los pronunciamientos de lingüistas espontáneos disgustados por la manga ancha de los académicos: «La RAE acepta “Haber si me muero”»; «La RAE acepta las sandalias con calcetines»; «La RAE acepta “Emosido Engañado”».

Qué pena que no se aprovechen más estos espacios públicos para el debate sereno, donde se aporten argumentos y reflexiones. Claro que para eso hay que tener opiniones fundadas y razonamientos sólidos.

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