Los crecimientos hacia afuera


Galicia presenta unos continuos saldos comerciales positivos en los últimos trimestres. Significa que las ventas superan a las compras. De ello nos sentimos orgullosos y presumimos constantemente. Pero ¿qué esconde dicha afirmación conceptual? Los crecimientos hacia afuera se consideraban, hasta hace poco, como una palanca de desarrollo. Se argumentaba que apostando por la base exportadora se contribuía a un crecimiento prolongado y sin oscilaciones. Sin embargo, empiezan a divulgarse nuevas teorías que manifiestan la existencia de alguna debilidad a dicho posicionamiento, en el caso de que no vayan acompasadas con otras políticas.

 Con la globalización, el empleo se está desplazando hacia las zonas de mano de obra más baratas y se asiste a un debilitamiento de la ocupación en los países que registran una mano de obra mejor remunerada. Estas consideraciones abren paso a otras dinámicas de relevancia. Los recientes estudios sobre las transformaciones económicas mundiales subrayan que en un número significativo de economías en desarrollo se están rompiendo las cadenas productivas y en otras se integran en cadenas más globales, donde predominan los bienes no integrados y en los que sobresalen empleos de baja remuneración. Es decir, una especialización que abarca y controla una cuota más elevada del proceso integral del comercio, yendo desde los orígenes (lugar y producción) de las materias primas hasta los ensambladores finales, allá donde estos se localicen. Esta nueva tendencia pone de manifiesto que los valores añadidos -los beneficios más nítidos posibles- quedan en manos de la propia cadena productiva, sin que el territorio de la materia prima o el país ensamblador obtengan los mayores réditos de las operaciones comerciales.

Nuevos trabajos revelan que los grandes exportadores controlan, en un porcentaje elevado, los costes salariales merced a su relevante posición en el campo de la competencia internacional. La intensa movilidad del capital incide tanto en los ingresos de los países como en su distribución, generando una mayor inestabilidad en las monedas. Fruto de estas circunstancias son los recientes desajustes comerciales que alientan el proteccionismo, limitando las oportunidades de inversión y afectando, de manera directa, a los ingresos y a las rentas de las familias.

¿Cómo interpretar los últimos movimientos geoestratégicos derivados de los acuerdos transoceánicos y del rol de Trump en las políticas comerciales? En primer lugar, el comercio mundial pierde fuerza; y, en segundo lugar, el intercambio comercial deja de ser un factor de impulso a la producción. Resultado: cobran mayor trascendencia las acciones impulsadas por los bloques regionales de países. Conclusión: es preciso tener en cuenta las implicaciones de apostar únicamente por el desarrollo de la base exportadora; y no actuar sobre la incorporación tecnológica en la producción y en el desarrollo de la cadenas logísticas integrales. Aquí radica el nuevo poder mundial.

Por Fernando González Laxe Expresidente de la Xunta de Galicia

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